"En Ecuador se hace cine" se llama la muestra de la cinemateca de Montevideo, se proyecta "Este Maldito País" el día viernes 14 de agosto a las 18, 19h30 y 21h. (http://www.cinemateca.org.uy/calendario.html)
En Pasto en 4to festival internacional inicia el martes 18: http://festicinepasto.blogspot.com/2009/07/20_15.html
Estará "Sara la espantapájaros", de Jorge Vivanco, "Memoria de Quito" de Mauricio Velasco y "Este maldito país" de Juan Martín Cueva, además de una muestra de cortos premiados en el Cero Latitud.
jueves, 13 de agosto de 2009
jueves, 16 de julio de 2009
De tropezón en tropezón
A propósito de la mutilación del título de "Este maldito país" en la TV pública ecuatoriana, una nota de César Ricaurte aparecida en el diario HOY del 8 de julio de 2009.
De tropezón en tropezón
Por César Ricaurte
Crítico de TV
No es la primera vez que Ecuador TV y el cine independiente ecuatoriano tienen líos. Hace meses ya hubo una polémica por las emisiones de algunas películas sin los debidos permisos de los autores, quejas por mutilaciones e incluso reclamos por los cortes en los créditos.
Así que, lamentablemente, lo sucedido hace más de una semana con el documental Este maldito país de Juan Martín Cueva es el penúltimo despropósito de una larga sucesión de ellos. Para quienes aún no lo sepan, Ecuador TV decidió emitir el trabajo mencionado censurando su título para reducirlo a Este país.¿Qué es lo que pasa en Ecuador TV? ¿Por qué no logra arrancar como un verdadero proyecto de TV pública? A lo sumo se contentan con un "somos menos malos que los demás canales" y un "tenemos programación para niños". Lo cual sabe inevitablemente a muy poco. Revisemos más: este domingo, RTU retransmitía las imágenes en vivo del intento de regreso de Manuel Zelaya a Tegucigalpa, provistas por Telesur y CNN en Español. ¿Qué pasaba con Ecuador TV? Pues emitían un programa de entretenimiento. El problema, como siempre, no está en las sábanas. El asunto es que Ecuador TV nació sin proyecto. Nació sin un estatuto de funcionamiento que garantizara libertad de gestión, claridad jurídica, línea editorial independiente y en este año, las cosas se han deteriorado, en lugar de mejorar. En lugar de atender al criterio de respeto por una obra y por su autor se atiende a una moralidad tan limitada que considera inapropiada una palabra como "maldito".
Hora GMT: 08/Julio/2009 - 05:02
De tropezón en tropezón
Por César Ricaurte
Crítico de TV
No es la primera vez que Ecuador TV y el cine independiente ecuatoriano tienen líos. Hace meses ya hubo una polémica por las emisiones de algunas películas sin los debidos permisos de los autores, quejas por mutilaciones e incluso reclamos por los cortes en los créditos.
Así que, lamentablemente, lo sucedido hace más de una semana con el documental Este maldito país de Juan Martín Cueva es el penúltimo despropósito de una larga sucesión de ellos. Para quienes aún no lo sepan, Ecuador TV decidió emitir el trabajo mencionado censurando su título para reducirlo a Este país.¿Qué es lo que pasa en Ecuador TV? ¿Por qué no logra arrancar como un verdadero proyecto de TV pública? A lo sumo se contentan con un "somos menos malos que los demás canales" y un "tenemos programación para niños". Lo cual sabe inevitablemente a muy poco. Revisemos más: este domingo, RTU retransmitía las imágenes en vivo del intento de regreso de Manuel Zelaya a Tegucigalpa, provistas por Telesur y CNN en Español. ¿Qué pasaba con Ecuador TV? Pues emitían un programa de entretenimiento. El problema, como siempre, no está en las sábanas. El asunto es que Ecuador TV nació sin proyecto. Nació sin un estatuto de funcionamiento que garantizara libertad de gestión, claridad jurídica, línea editorial independiente y en este año, las cosas se han deteriorado, en lugar de mejorar. En lugar de atender al criterio de respeto por una obra y por su autor se atiende a una moralidad tan limitada que considera inapropiada una palabra como "maldito".
Hora GMT: 08/Julio/2009 - 05:02
sábado, 4 de julio de 2009
Mauro Cerbino: "Inquisición pública"
Tomada de la edición impresa de El Telégrafo del 05 de julio del 2009
Inquisición pública

Inquisición pública

Mauro Cerbino
De mal en peor. No solo no hay una discusión seria sobre los significados de la televisión pública al interior del medio y en el país, sino que se consolida una postura según la cual hacer televisión pública es ejercer el control sobre los contenidos que se emiten. Este control ni siquiera se parece a la actitud de lo “políticamente correcto” que vuelve apática cualquier discusión. Tiene más bien el carácter de una censura al estilo de aquellas perpetradas por regímenes que hacen del fanatismo moral un norte para tomar decisiones discriminatorias que atentan contra los más mínimos principios de equidad.
Indignación es lo que me produce el haberme enterado de que EcuadorTV, un proyecto de comunicación al que muchos hemos apostado para “sanear” el pantano televisivo existente desde hace 40 años, censura contenidos que considera no acordes con su “política institucional”. Me refiero a la amputación (término que da escalofrío) del título del documental de Juan Martín Cueva Este Maldito País que quedó reducido a “Este País”.
¿Y cuáles son los argumentos? Los directivos se remiten a decisiones tomadas por un inefable comité de programación que tiene el deber de hacer respetar el criterio según el cual “no se pueden presentar títulos o contenidos donde se ofenda la susceptibilidad, creencias, idiosincrasias y valores de la teleaudiencia”. ¡Vaya argucia! Los miembros de este comité tienen una idea (que no es conocimiento) muy extraña sobre la “teleaudiencia” (denominada así adquiere el significado de una masa uniforme y compacta), porque piensan que le afectarían las “malas palabras” o le ofenderían las imágenes de cuerpos desnudos. Esos defensores de la “moralidad pública”, expresión que recuerda las peores actitudes inquisitorias, se arrogan el derecho de definir de antemano qué pueden o no ver los indefensos e infantilizados televidentes, cuando, con menos hipocresía, podrían preguntarse si es dable la mutilación de obras cinematográficas que lo que pretenden es -más allá de la calificación que podamos darles- despertar el interés y fomentar la reflexión sobre algún tema de naturaleza pública. Es imposible no relacionar estas censuras con las mutilaciones y ocultamientos que la Iglesia Católica ha realizado en el pasado (y en el presente) en diferentes obras. Los velos a las pinturas o las amputaciones del órgano masculino de las esculturas son un ejemplo tristemente famoso.
No quiero una televisión así. Que confunde interés común con moralina. Que con el pretexto de salvaguardar a los televidentes (que desconoce) cae en los mismos errores que cometen los medios privados que escudándose en una “línea editorial” discriminan contenidos no “convenientes”. Que el comité de programación y los directivos del canal se dediquen más a renovar lenguajes y estéticas televisivas, que promuevan la pluralidad acogiendo expresiones de quienes nunca hablaron en los medios, que fomenten una mayor y más diversa generación de contenidos propios y no de enlatados adquiridos en las ferias de Miami que vienen con el membrete “para medios públicos”. Que dejen en paz los contenidos de obras de ficción que falta nos hacen para pensar el país, el que fuere, el que podamos definir como queramos, sin censuras.
De mal en peor. No solo no hay una discusión seria sobre los significados de la televisión pública al interior del medio y en el país, sino que se consolida una postura según la cual hacer televisión pública es ejercer el control sobre los contenidos que se emiten. Este control ni siquiera se parece a la actitud de lo “políticamente correcto” que vuelve apática cualquier discusión. Tiene más bien el carácter de una censura al estilo de aquellas perpetradas por regímenes que hacen del fanatismo moral un norte para tomar decisiones discriminatorias que atentan contra los más mínimos principios de equidad.
Indignación es lo que me produce el haberme enterado de que EcuadorTV, un proyecto de comunicación al que muchos hemos apostado para “sanear” el pantano televisivo existente desde hace 40 años, censura contenidos que considera no acordes con su “política institucional”. Me refiero a la amputación (término que da escalofrío) del título del documental de Juan Martín Cueva Este Maldito País que quedó reducido a “Este País”.
¿Y cuáles son los argumentos? Los directivos se remiten a decisiones tomadas por un inefable comité de programación que tiene el deber de hacer respetar el criterio según el cual “no se pueden presentar títulos o contenidos donde se ofenda la susceptibilidad, creencias, idiosincrasias y valores de la teleaudiencia”. ¡Vaya argucia! Los miembros de este comité tienen una idea (que no es conocimiento) muy extraña sobre la “teleaudiencia” (denominada así adquiere el significado de una masa uniforme y compacta), porque piensan que le afectarían las “malas palabras” o le ofenderían las imágenes de cuerpos desnudos. Esos defensores de la “moralidad pública”, expresión que recuerda las peores actitudes inquisitorias, se arrogan el derecho de definir de antemano qué pueden o no ver los indefensos e infantilizados televidentes, cuando, con menos hipocresía, podrían preguntarse si es dable la mutilación de obras cinematográficas que lo que pretenden es -más allá de la calificación que podamos darles- despertar el interés y fomentar la reflexión sobre algún tema de naturaleza pública. Es imposible no relacionar estas censuras con las mutilaciones y ocultamientos que la Iglesia Católica ha realizado en el pasado (y en el presente) en diferentes obras. Los velos a las pinturas o las amputaciones del órgano masculino de las esculturas son un ejemplo tristemente famoso.
No quiero una televisión así. Que confunde interés común con moralina. Que con el pretexto de salvaguardar a los televidentes (que desconoce) cae en los mismos errores que cometen los medios privados que escudándose en una “línea editorial” discriminan contenidos no “convenientes”. Que el comité de programación y los directivos del canal se dediquen más a renovar lenguajes y estéticas televisivas, que promuevan la pluralidad acogiendo expresiones de quienes nunca hablaron en los medios, que fomenten una mayor y más diversa generación de contenidos propios y no de enlatados adquiridos en las ferias de Miami que vienen con el membrete “para medios públicos”. Que dejen en paz los contenidos de obras de ficción que falta nos hacen para pensar el país, el que fuere, el que podamos definir como queramos, sin censuras.
Nuevo artículo de prensa...
... sobre la TV Pública, reflexión de Santiago Zucko Rosero aparecida hoy en El Telégrafo.
Tomada de la edición impresa del 04 de julio del 2009
De lo público, poco

Santiago Rosero
En las charlas sobre Cultura y Transformación Social que se desarrollaron la semana pasada en la FLACSO y la USFQ, participaron, entre otros ponentes, el sociólogo venezolano Tulio Hernández y el académico estadounidense George Yudice.
Tomada de la edición impresa del 04 de julio del 2009
De lo público, poco

Santiago Rosero
En las charlas sobre Cultura y Transformación Social que se desarrollaron la semana pasada en la FLACSO y la USFQ, participaron, entre otros ponentes, el sociólogo venezolano Tulio Hernández y el académico estadounidense George Yudice.
Aterrizando en la actualidad de nuestro contexto, Yudice advirtió que en un escenario ideal el cierre de un canal de televisión serviría como catapulta para que en el espacio que sustituya al clausurado se incluyan contenidos de producción local y alternativa, entendiéndose esto como una apertura a la pluralidad de la información, al incentivo de producción independiente y a la generación de una circulación de sentidos divergentes de los que se promueven con enlatados vanos sedientos de rating.
A esto, Tulio Hernández refutó argumentando que en Venezuela, tras el cierre de Radio Caracas Televisión, según investigaciones del Instituto de Estudios de la Comunicación, la inclusión de contenidos locales en el nuevo canal había decrecido en un 50 %.
Yudice precisó que lo expresado no se trataba de una garantía per se sino de una condición de posibilidad. Que era eso o el eterno encontronazo con los medios privados que ante todo evalúan la potencialidad económica de los productos mediáticos, pero en ningún caso una garantía definitiva.
La condición de posibilidad, en su desarrollo, aparte de valerse de una plataforma tecnológica disponible, tendría que venir incentivada por el diseño de una política que por fuera de la política establezca marcos que promuevan y protejan la producción local y alternativa, donde lo alternativo debiera estar dirigido más a una disputa de espacios y de construcción de sentidos antes que a una alternancia con, o peor a una continuidad de lo establecido.
Si bien el de Ecuador TV no es el caso de un canal que vino a sustituir uno cerrado, sí es –o al menos se concibió así en el ideal- el esfuerzo por instalar televisión pública en el país. Sin embargo, el fundamento de lo público en aras de promover la producción local y de potenciar la visibilización de sujetos, procesos y discursos por tradición excluidos, dista mucho de verse efectivizado en su gestión. Y no solamente que la noción de lo público adolece de fortaleza sino que viejos vicios como la censura arbitraria han empezado a asentarse en sus parrillas programáticas. Ha pasado con trabajos de cineastas ecuatorianos: al cortometraje Pía, de Javier Andrade, además de haberlo transmitido sin su permiso, le amputaron las “malas palabras”; y hace poco, al documental Este maldito país, de Juan Martín Cueva, le cercenaron el adjetivo.
Junto al irrespeto que implica la alteración de una obra de autor sin su consentimiento, existe en el proceder de ECTV señales aún más preocupantes: la injerencia de una moralidad que parece querer congraciarse con algún tipo de susceptibilidad pública que ellos han delimitado. Las preguntas: ¿a quién o a qué responde esa moral que censura y coarta? ¿A nombre de quién habla el canal? ¿Qué entiende por público la línea editorial del canal público?
martes, 30 de junio de 2009
Este (maldito) país
Tomada de la edición impresa del Diario El Telégrafo del 30 de junio del 2009
Este [maldito] país

Lucrecia Maldonado
lmaldonado@telegrafo.com.ec
Hay cosas que se tienen que censurar. El morbo. La estulticia. La pornografía en horario para todo público. La violencia sádica en ídem. La crónica roja sin reflexión. No se puede dejar que ciertas cosas (no tanto ideas: procedimientos, aberraciones, esos lados extremadamente oscuros y perturbadores de la condición humana) circulen por ahí, mostrándose impúdicamente ante gente que quizá no está preparada para enfrentarlas con madurez y criterio.
Pero de ahí a volverse Torquemadas de los microorganismos que pueden aparecer por ahí media una gran distancia. Personalmente, apoyo que se aplique la ley en casos como los de difundir noticias basadas en supuestos que finalmente pueden provocar conmoción social y fácil llevar al caos. Por lo menos que se llame la atención o se reconvenga con firmeza.
Pero cuando se arremete contra seriales como “Los Simpsons”, o cuando se ejerce la autocensura sin criterio, sí me quedo pensando un rato en hasta qué punto la regulación de los medios, mejor dicho, de lo que podemos ver y escuchar a través de ellos, tiene un sentido y una función social encaminados hacia el bien común y no como manera de saciar caprichos individuales, partidistas o lugares comunes de la moralina más barata y rastrera.
“En el caso citado, ‘maldito’ es una palabra que esconde rabia, decepción, pero también amor...”
Por ejemplo, el canal público Ecuador TV presenta el documental de Juan Martín Cueva “Este maldito país”. Pero deciden ‘amputarle’ el adjetivo. ¿Por qué? ¿Cuál es el criterio que opera en esta ‘selección’ lingüística? ¿Alguien le preguntó al autor del documental si estaba de acuerdo con el cambio? Es más… ¿Alguien le preguntó al autor por qué estaba ese adjetivo ahí, qué función, qué importancia tiene esa sola palabra dentro del nombre del documental?
Seguro que no. Alguien leyó la palabra ‘maldito’, la equipararon a descalificación e insulto y… ¡unas tijeras, pronto, de urgencia! Para peor, ese adjetivo estaba calificando a la sagrada palabra ‘país’. Y entonces, bueno, pasamos la película, apoyamos el cine nacional, el tan mentado ‘talento’ nacional, y respiramos en paz porque al mismo tiempo estamos defendiendo el sagrado concepto de ‘país’ del artero ataque del adjetivo ‘maldito’. En años de colegio se aprende (se debería aprender) a leer entre líneas. Se debería llegar a comprender que en el lenguaje connotativo es un pecado muy grave abordar las palabras y las expresiones desde su significado lineal sin atender a los matices y las variantes semánticas. ‘Maldito’, en el caso citado, es una palabra que esconde rabia, decepción, pero también amor y deseos de cambiar lo que nos enferma como sociedad e individuos. ¿Es tan difícil de comprender? ¿A quién hay que dibujarle una explicación que debería ser innecesaria? ¿Cómo se puede manejar algo tan grande como la difusión de las expresiones culturales de un país con el criterio maniqueísta de un niño al que le han aterrorizado desde el vientre materno con la posibilidad de los más atroces tormentos del infierno si estornuda en una iglesia? Antes que nada, creo que lo fundamental es abrir la mente y dejar de lado los cernidores que de pronto han comenzado a funcionar indiscriminadamente en este maldito país.
Este [maldito] país

Lucrecia Maldonado
lmaldonado@telegrafo.com.ec
Hay cosas que se tienen que censurar. El morbo. La estulticia. La pornografía en horario para todo público. La violencia sádica en ídem. La crónica roja sin reflexión. No se puede dejar que ciertas cosas (no tanto ideas: procedimientos, aberraciones, esos lados extremadamente oscuros y perturbadores de la condición humana) circulen por ahí, mostrándose impúdicamente ante gente que quizá no está preparada para enfrentarlas con madurez y criterio.
Pero de ahí a volverse Torquemadas de los microorganismos que pueden aparecer por ahí media una gran distancia. Personalmente, apoyo que se aplique la ley en casos como los de difundir noticias basadas en supuestos que finalmente pueden provocar conmoción social y fácil llevar al caos. Por lo menos que se llame la atención o se reconvenga con firmeza.
Pero cuando se arremete contra seriales como “Los Simpsons”, o cuando se ejerce la autocensura sin criterio, sí me quedo pensando un rato en hasta qué punto la regulación de los medios, mejor dicho, de lo que podemos ver y escuchar a través de ellos, tiene un sentido y una función social encaminados hacia el bien común y no como manera de saciar caprichos individuales, partidistas o lugares comunes de la moralina más barata y rastrera.
“En el caso citado, ‘maldito’ es una palabra que esconde rabia, decepción, pero también amor...”
Por ejemplo, el canal público Ecuador TV presenta el documental de Juan Martín Cueva “Este maldito país”. Pero deciden ‘amputarle’ el adjetivo. ¿Por qué? ¿Cuál es el criterio que opera en esta ‘selección’ lingüística? ¿Alguien le preguntó al autor del documental si estaba de acuerdo con el cambio? Es más… ¿Alguien le preguntó al autor por qué estaba ese adjetivo ahí, qué función, qué importancia tiene esa sola palabra dentro del nombre del documental?
Seguro que no. Alguien leyó la palabra ‘maldito’, la equipararon a descalificación e insulto y… ¡unas tijeras, pronto, de urgencia! Para peor, ese adjetivo estaba calificando a la sagrada palabra ‘país’. Y entonces, bueno, pasamos la película, apoyamos el cine nacional, el tan mentado ‘talento’ nacional, y respiramos en paz porque al mismo tiempo estamos defendiendo el sagrado concepto de ‘país’ del artero ataque del adjetivo ‘maldito’. En años de colegio se aprende (se debería aprender) a leer entre líneas. Se debería llegar a comprender que en el lenguaje connotativo es un pecado muy grave abordar las palabras y las expresiones desde su significado lineal sin atender a los matices y las variantes semánticas. ‘Maldito’, en el caso citado, es una palabra que esconde rabia, decepción, pero también amor y deseos de cambiar lo que nos enferma como sociedad e individuos. ¿Es tan difícil de comprender? ¿A quién hay que dibujarle una explicación que debería ser innecesaria? ¿Cómo se puede manejar algo tan grande como la difusión de las expresiones culturales de un país con el criterio maniqueísta de un niño al que le han aterrorizado desde el vientre materno con la posibilidad de los más atroces tormentos del infierno si estornuda en una iglesia? Antes que nada, creo que lo fundamental es abrir la mente y dejar de lado los cernidores que de pronto han comenzado a funcionar indiscriminadamente en este maldito país.
sábado, 13 de junio de 2009
ESTE MALDITO PAIS en CINECUANON
ESTE MALDITO PAIS fue proyectada el jueves 11 de junio en los cines VERDI, de Barcelona, en el marco del segundo festival CINECUANON.
Muchas películas ecuatorianas forman parte de esta muestra, entre ellas una retrospectiva completa de la obra de Sebastián Cordero, incluyendo Ratas, ratones y rateros, Crónicas, y su documental Viteri, un autoretrato.
También de proyectan las ficciones Esas no son penas, de Anahi Hoeneisen y Daniel Andrade, Cuando me toque a mí, de Víctor Arregui, y Qué tan lejos, de Tania Hermida (que en esos mismos días ganó un premio en Austria: http://www.ecuadorinmediato.com/noticias/106378).
En documental, se proyectan Porqué mueren los castaños de Tito Molina, Baltazar Ushka, el tiempo congelado, de José Antonio e Igor Guaysamín, Alfaro Vive Carajo, del sueño al caos, de Isabel Dávalos, Golpe a golpe, de Galo Betancourt, Goerge Febres, de Ivo Orlando Huahua, entre otros.
Muchas películas ecuatorianas forman parte de esta muestra, entre ellas una retrospectiva completa de la obra de Sebastián Cordero, incluyendo Ratas, ratones y rateros, Crónicas, y su documental Viteri, un autoretrato.
También de proyectan las ficciones Esas no son penas, de Anahi Hoeneisen y Daniel Andrade, Cuando me toque a mí, de Víctor Arregui, y Qué tan lejos, de Tania Hermida (que en esos mismos días ganó un premio en Austria: http://www.ecuadorinmediato.com/noticias/106378).
En documental, se proyectan Porqué mueren los castaños de Tito Molina, Baltazar Ushka, el tiempo congelado, de José Antonio e Igor Guaysamín, Alfaro Vive Carajo, del sueño al caos, de Isabel Dávalos, Golpe a golpe, de Galo Betancourt, Goerge Febres, de Ivo Orlando Huahua, entre otros.
martes, 19 de mayo de 2009
ESTE MALDITO PAIS EN CINES
Proyecciones en Quito, Guayaquil y Manta
Del 20 al 31 de mayo de 2009
Del 20 al 31 de mayo de 2009
SALA ALFREDO PAREJA
(Cinemateca Casa de la Cultura)
DEL 20 AL 24 DE MAYO
DEL 20 AL 24 DE MAYO
17h00 y 19h30
CINE OCHOYMEDIO
(La Floresta y Tumbaco)
DEL 22 AL 31 DE MAYO 2009
Detalle de horarios Cine OchoyMedio
Quito:
La Floresta
Del viernes 22 al domingo 24, 21h15
Lunes 25 y martes 26, 19h00
Miércoles 27, 16h30
Jueves 28 y viernes 29, 19h00
Sábado 30 y domingo 31, 21h15
Ventura Mall Tumbaco
Martes 26, 19h00
Viernes 29, 20h00
Sábado 30 y domingo 31, 17h00
OTRAS CIUDADES
Maac Cine Guayaquil
Miércoles 27 y jueves 28, 19h10
Maac Cine Manta
Del jueves 28 al sábado 30, 19h30
UN ESPACIO DE DIALOGO CON EL DIRECTOR
LA ESCUELA DEL ESPECTADOR
OchoyMedio Tumbaco (Ventura Mall)
Martes 26 de mayo a las 19h00
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