lunes, 6 de diciembre de 2010
miércoles, 11 de agosto de 2010
Canarias, octubre 2010 / Suiza, noviembre 2010.
Durante la segunda quincena de octubre de 2010 se realiza la octava edición de IBERTIGO: “Muestra de Cine Iberoamericano de Las Palmas de Gran Canaria”, Este Maldito país ha sido seleccionado por los programadores.
http://www.ibertigo.com/vertigo/
En el mes de noviembre Este Maldito País ha sido seleccionado por el 12avo Festival FILMAR EN AMÉRICA LATINA que se realiza en Suiza.
http://www.filmar.ch/lefestival/index.php
http://www.ibertigo.com/vertigo/
En el mes de noviembre Este Maldito País ha sido seleccionado por el 12avo Festival FILMAR EN AMÉRICA LATINA que se realiza en Suiza.
http://www.filmar.ch/lefestival/index.php
domingo, 4 de abril de 2010
Docupolis Iberoamérica
Docúpolis Iberoamericano en Santiago, Valdivia y Puerto Montt, Chile, en abril y mayo.

Sinopsis
Carta filmada de un cineasta a sus hijos. El autor, ecuatoriano que vive en Francia, país donde nacen sus hijos, reflexiona sobre la identidad, la transmisión de una cultura y una manera de ver el mundo, sobre la distancia, la nostalgia de otras tierras y la de otros tiempos. La carta a sus hijos lo lleva a narrar la trayectoria política del abuelo de estos, militante involucrado en los procesos revolucionarios de Cuba, Chile y Nicaragua.
¿Cuáles son los lazos que los unen a Latinoamérica, qué acontecimientos históricos han alimentado la historia familiar, qué causas determinaron el destino de sus familias, su participación en momentos claves de la historia de Chile, Cuba, Nicaragua y Ecuador?
En "El lugar donde se juntan los polos" se entreteje un intento de dar respuesta a estas interrogantes desde la complicidad familiar con un relato de los últimos cuarenta años de América Latina y una reflexión personal sobre el compromiso, la identidad y el desarraigo.
Festivales y premios:
• Premio al Proyecto SCAM Francia 2001
• Premio al Mejor DocumentalFestival de Valdivia Chile 2002
• Premio al Mejor Guión Festival de Rosario Argentina 2003
Premio Mayor Festival Sur Realidades, Bogotá Colombia 2004
• Premio al Mejor DocumentalFestival Internacional de Cine Pobre México 2005
• Los Angeles Latino International Film Festival, LALIFF, USA, 2002
• New York Latino Film Festival, LaCinemaFe, USA, 2002
• Docúpolis, Barcelona, España, 2002 (selección oficial)
• IV Muestra Documental de Bogotá, Colombia, 2002
• Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, Cuba, 2002
• Festival Internacional de Documentales de Santiago de Chile, FIDOCS, Chile, 2002
• Festival Versions Originales, Lussas, Francia, 2002
• 1ros Encuentros del Otro Cine, Ecuador, 2002
• IV Muestra Iberoamericana de Cine, Quito, Ecuador, 2002
• Chicago International Documentary Film Festival, USA, 2003
• Muestra Latinoamericana de Video, Managua, Nicaragua, 2003
• Cambridge Latino Film Festival, USA, 2003
• Chicago Latino Film Festival, 2004
• Festival Internacional de Cine de Bogotá, Colombia, 2004
"El lugar donde se juntan los polos" de Juan Martín Cueva es parte de la programación de la muestra:
- Centro Cultural Palacio de la Moneda
el 22 de abril a las 16h y el 28 a las 19h
el 22 de abril a las 16h y el 28 a las 19h
- Centro Cultural de España
el 26 a las 18h30
En la programación de la muestra están joyitas como "Mundo alas", "Septiembres", "Raymundo", "Alguna tristeza", entre otros documentales...

Programa completo en http://www.tercer-ojo.com/docupolis/Afiche_Docupolis.pdf
Productor : Teresa Piera AIP
Montaje: Alex Rodríguez
Sonido: Omar Pérez
Música: Frédéric Mainçon
Dirección de Producción: Teresa Piera, AIP
Producción Ejecutiva: Jean-Marie Barbe, AIP
Género: Documental
Formato original: Betacam
Año: 2002
País: Ecuador /Francia / Bélgica
Duración: 53 minutos
Sinopsis
Carta filmada de un cineasta a sus hijos. El autor, ecuatoriano que vive en Francia, país donde nacen sus hijos, reflexiona sobre la identidad, la transmisión de una cultura y una manera de ver el mundo, sobre la distancia, la nostalgia de otras tierras y la de otros tiempos. La carta a sus hijos lo lleva a narrar la trayectoria política del abuelo de estos, militante involucrado en los procesos revolucionarios de Cuba, Chile y Nicaragua.
¿Cuáles son los lazos que los unen a Latinoamérica, qué acontecimientos históricos han alimentado la historia familiar, qué causas determinaron el destino de sus familias, su participación en momentos claves de la historia de Chile, Cuba, Nicaragua y Ecuador?
En "El lugar donde se juntan los polos" se entreteje un intento de dar respuesta a estas interrogantes desde la complicidad familiar con un relato de los últimos cuarenta años de América Latina y una reflexión personal sobre el compromiso, la identidad y el desarraigo.
Festivales y premios:
• Premio al Proyecto SCAM Francia 2001
• Premio al Mejor DocumentalFestival de Valdivia Chile 2002
• Premio al Mejor Guión Festival de Rosario Argentina 2003
Premio Mayor Festival Sur Realidades, Bogotá Colombia 2004
• Premio al Mejor DocumentalFestival Internacional de Cine Pobre México 2005
• Los Angeles Latino International Film Festival, LALIFF, USA, 2002
• New York Latino Film Festival, LaCinemaFe, USA, 2002
• Docúpolis, Barcelona, España, 2002 (selección oficial)
• IV Muestra Documental de Bogotá, Colombia, 2002
• Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, Cuba, 2002
• Festival Internacional de Documentales de Santiago de Chile, FIDOCS, Chile, 2002
• Festival Versions Originales, Lussas, Francia, 2002
• 1ros Encuentros del Otro Cine, Ecuador, 2002
• IV Muestra Iberoamericana de Cine, Quito, Ecuador, 2002
• Chicago International Documentary Film Festival, USA, 2003
• Muestra Latinoamericana de Video, Managua, Nicaragua, 2003
• Cambridge Latino Film Festival, USA, 2003
• Chicago Latino Film Festival, 2004
• Festival Internacional de Cine de Bogotá, Colombia, 2004
domingo, 29 de noviembre de 2009
Nuevo Premio para Este maldito país
Entre el 4 y el 16 de octubre se realizó en Buenos Aires el 5to festival de cine latinoamericano FESTLATINO. Uno de los jurados fue nombrado por la Asociación de Cronistas Cinematográficos de Argentina ACCA y otorgó el premio a MEJOR DOCUMENTAL a Este Maldito País.
En este link, el acta del jurado: http://www.cronistasdecine.org.ar/content/view/173/42/
Integrantes del jurado: Andrés Insaurralde, Beatríz Iacoviello y Nicolás E. Vázquez.
Premios:
MEJOR PELICULA: POLVO NUESTRO Beatriz Flores Silva (UY)
MEJOR CORTOMETRAJE: ECHENLE SAL Sonia Bertotti (AR)
MEJOR DOCUMENTAL: ESTE MALDITO PAIS Juan Martín Cueva (EC-BR)
MEJOR ANIMACION: EL RETRATO DE LA PESTE Lucila Las Heras (AR)
MEJOR DIRECTOR: JULY MASSACCESI por CABEZA DE PESCADO (AR)
MEJOR GUION: BEATRIZ FLORES SILVA por POLVO NUESTRO (UY)
MEJOR FOTOGRAFIA: CARLOS ZAPPARELLI (ADF-AR) por CABEZA DE PESCADO
MEJOR ACTOR: MARTIN PAVLOVSKY por CABEZA DE PESCADO
MEJOR ACTRIZ: INGRID PELICORI por CABEZA DE PESCADO
Este maldito país acaba de ser exhibida en el II festival de cine ecuatoriano Kunturñawi (http://www.festivaldecinekunturnawi.blogspot.com/) que se realizó en noviembre en Riobamba, en este festival ganó una Mención como Mejor Producción. La lista de premios completa está en este link: http://www.ahoraenquito.com/cine/685-festival-de-cine-kunturnahui-culmino-con-las-premiaciones.html
Hace pocas semanas fue al 9no EXPOCINE en Cuenca (http://www.expocinecuenca.com/) en el marco de la muestra de documental que se realizó en este encuentro de cine ecuatoriano.
Participará el 8 de diciembre en la Semana del cine afro que se realizará en Esmeraldas.
En este link, el acta del jurado: http://www.cronistasdecine.org.ar/content/view/173/42/
Integrantes del jurado: Andrés Insaurralde, Beatríz Iacoviello y Nicolás E. Vázquez.
Premios:
MEJOR PELICULA: POLVO NUESTRO Beatriz Flores Silva (UY)
MEJOR CORTOMETRAJE: ECHENLE SAL Sonia Bertotti (AR)
MEJOR DOCUMENTAL: ESTE MALDITO PAIS Juan Martín Cueva (EC-BR)
MEJOR ANIMACION: EL RETRATO DE LA PESTE Lucila Las Heras (AR)
MEJOR DIRECTOR: JULY MASSACCESI por CABEZA DE PESCADO (AR)
MEJOR GUION: BEATRIZ FLORES SILVA por POLVO NUESTRO (UY)
MEJOR FOTOGRAFIA: CARLOS ZAPPARELLI (ADF-AR) por CABEZA DE PESCADO
MEJOR ACTOR: MARTIN PAVLOVSKY por CABEZA DE PESCADO
MEJOR ACTRIZ: INGRID PELICORI por CABEZA DE PESCADO
Este maldito país acaba de ser exhibida en el II festival de cine ecuatoriano Kunturñawi (http://www.festivaldecinekunturnawi.blogspot.com/) que se realizó en noviembre en Riobamba, en este festival ganó una Mención como Mejor Producción. La lista de premios completa está en este link: http://www.ahoraenquito.com/cine/685-festival-de-cine-kunturnahui-culmino-con-las-premiaciones.html
Hace pocas semanas fue al 9no EXPOCINE en Cuenca (http://www.expocinecuenca.com/) en el marco de la muestra de documental que se realizó en este encuentro de cine ecuatoriano.
Participará el 8 de diciembre en la Semana del cine afro que se realizará en Esmeraldas.
viernes, 18 de septiembre de 2009
Nota sobre el documental en un portal de noticias
En el portal de noticias www.confirmado.net ha salido esta nota sobre Este maldito país:
Documental ecuatoriano "Este maldito país"
recorre festivales internacionales de cine
Jueves, 10 de septiembre de 2009

El documental "Este maldito país" de Juan Martín Cueva sigue con su recorrido de eventos cinematográficos en América Latina y Europa. La película ha sido seleccionada por tres festivales internacionales que se realizan en septiembre y octubre, y formó parte de la programación “En Ecuador se hace cine” en la Cinemateca de Montevideo (Uruguay) y del Festival Cinema Patrimonio, organizado por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural en Riobamba. A fines de septiembre se proyectará en el marco de la muestra de cine de la 9na Conferencia Sudamericana sobre Migraciones que se hará en Ecuador.
En las semanas que vienen el documental de coproducción Ecuador-Brasil ha sido invitado a participar en las Selecciones Oficiales de Cinemaissi, festival de cine latinoamericano de Finlandia, así como Itinéraires (Imágenes y realidades de América Latina) en Bélgica, y será programado en Buenos Aires en el marco del séptimo Festlatino, donde compite con documentalistas de Chile, Argentina y Uruguay.
En Finlandia la programación lleva por título “Pueblos en movimiento” y se enfoca en los sentidos de la migración, la identidad y la democracia en América Latina y el Caribe. Participan con este filme ecuatoriano producciones bolivianas, peruanas, brasileras, argentinas, chilenas, panameñas, venezolanas, colombianas y mexicanas.
Por otra parte, el nuevo proyecto documental de Juan Martín Cueva, "El tiempo largo y el tiempo corto", fue premiado por el CNCINE con un fondo de ayuda a la escritura de guión. Antes de empezar este proyecto Cueva se encuentra produciendo un documental para la Asamblea Permanente para los Derechos Humanos APDH sobre la zona de frontera Ecuador-Colombia, con el mismo equipo de base que trabajó en "Este maldito país": el fotógrafo Francois “Coco” Laso y el sonidista León Felipe Troya. La edición estará a cargo de Víctor Arregui y el estreno está previsto para noviembre.
"Este maldito país" es una producción de Otra Cosa Producciones, empresa que estuvo a cargo de la más reciente película de Arregui (Cuando me toque a mi, basada en una novela de Alfredo Noriega) y está preparando la nueva producción del mismo director, titulada "El facilitador", que se rodará en Quito y varios sectores rurales de la sierra ecuatoriana a inicios de 2010 en coproducción con Brasil.
Confirmado.net / Cultura Intensa
Documental ecuatoriano "Este maldito país"
recorre festivales internacionales de cine
Jueves, 10 de septiembre de 2009

El documental "Este maldito país" de Juan Martín Cueva sigue con su recorrido de eventos cinematográficos en América Latina y Europa. La película ha sido seleccionada por tres festivales internacionales que se realizan en septiembre y octubre, y formó parte de la programación “En Ecuador se hace cine” en la Cinemateca de Montevideo (Uruguay) y del Festival Cinema Patrimonio, organizado por el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural en Riobamba. A fines de septiembre se proyectará en el marco de la muestra de cine de la 9na Conferencia Sudamericana sobre Migraciones que se hará en Ecuador.
En las semanas que vienen el documental de coproducción Ecuador-Brasil ha sido invitado a participar en las Selecciones Oficiales de Cinemaissi, festival de cine latinoamericano de Finlandia, así como Itinéraires (Imágenes y realidades de América Latina) en Bélgica, y será programado en Buenos Aires en el marco del séptimo Festlatino, donde compite con documentalistas de Chile, Argentina y Uruguay.
En Finlandia la programación lleva por título “Pueblos en movimiento” y se enfoca en los sentidos de la migración, la identidad y la democracia en América Latina y el Caribe. Participan con este filme ecuatoriano producciones bolivianas, peruanas, brasileras, argentinas, chilenas, panameñas, venezolanas, colombianas y mexicanas.
Por otra parte, el nuevo proyecto documental de Juan Martín Cueva, "El tiempo largo y el tiempo corto", fue premiado por el CNCINE con un fondo de ayuda a la escritura de guión. Antes de empezar este proyecto Cueva se encuentra produciendo un documental para la Asamblea Permanente para los Derechos Humanos APDH sobre la zona de frontera Ecuador-Colombia, con el mismo equipo de base que trabajó en "Este maldito país": el fotógrafo Francois “Coco” Laso y el sonidista León Felipe Troya. La edición estará a cargo de Víctor Arregui y el estreno está previsto para noviembre.
"Este maldito país" es una producción de Otra Cosa Producciones, empresa que estuvo a cargo de la más reciente película de Arregui (Cuando me toque a mi, basada en una novela de Alfredo Noriega) y está preparando la nueva producción del mismo director, titulada "El facilitador", que se rodará en Quito y varios sectores rurales de la sierra ecuatoriana a inicios de 2010 en coproducción con Brasil.
Confirmado.net / Cultura Intensa
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miércoles, 16 de septiembre de 2009
viernes, 28 de agosto de 2009
Sobre Este maldito país en el blog de Patricio Burbano
Sobre “Este (maldito) país”
Publicado 1 Julio 2009
Hay cosas que se tienen que censurar. El morbo. La estulticia. La pornografía en horario para todo público. La violencia sádica en ídem. La crónica roja sin reflexión. No se puede dejar que ciertas cosas (no tanto ideas: procedimientos, aberraciones, esos lados extremadamente oscuros y perturbadores de la condición humana) circulen por ahí, mostrándose impúdicamente ante gente que quizá no está preparada para enfrentarlas con madurez y criterio.
Pero de ahí a volverse Torquemadas de los microorganismos que pueden aparecer por ahí media una gran distancia. Personalmente, apoyo que se aplique la ley en casos como los de difundir noticias basadas en supuestos que finalmente pueden provocar conmoción social y fácil llevar al caos. Por lo menos que se llame la atención o se reconvenga con firmeza.
Pero cuando se arremete contra seriales como “Los Simpsons”, o cuando se ejerce la autocensura sin criterio, sí me quedo pensando un rato en hasta qué punto la regulación de los medios, mejor dicho, de lo que podemos ver y escuchar a través de ellos, tiene un sentido y una función social encaminados hacia el bien común y no como manera de saciar caprichos individuales, partidistas o lugares comunes de la moralina más barata y rastrera.
Por ejemplo, el canal público Ecuador TV presenta el documental de Juan Martín Cueva “Este maldito país”. Pero deciden ‘amputarle’ el adjetivo. ¿Por qué? ¿Cuál es el criterio que opera en esta ‘selección’ lingüística? ¿Alguien le preguntó al autor del documental si estaba de acuerdo con el cambio? Es más… ¿Alguien le preguntó al autor por qué estaba ese adjetivo ahí, qué función, qué importancia tiene esa sola palabra dentro del nombre del documental?
Seguro que no. Alguien leyó la palabra ‘maldito’, la equipararon a descalificación e insulto y… ¡unas tijeras, pronto, de urgencia! Para peor, ese adjetivo estaba calificando a la sagrada palabra ‘país’. Y entonces, bueno, pasamos la película, apoyamos el cine nacional, el tan mentado ‘talento’ nacional, y respiramos en paz porque al mismo tiempo estamos defendiendo el sagrado concepto de ‘país’ del artero ataque del adjetivo ‘maldito’. En años de colegio se aprende (se debería aprender) a leer entre líneas. Se debería llegar a comprender que en el lenguaje connotativo es un pecado muy grave abordar las palabras y las expresiones desde su significado lineal sin atender a los matices y las variantes semánticas. ‘Maldito’, en el caso citado, es una palabra que esconde rabia, decepción, pero también amor y deseos de cambiar lo que nos enferma como sociedad e individuos. ¿Es tan difícil de comprender? ¿A quién hay que dibujarle una explicación que debería ser innecesaria? ¿Cómo se puede manejar algo tan grande como la difusión de las expresiones culturales de un país con el criterio maniqueísta de un niño al que le han aterrorizado desde el vientre materno con la posibilidad de los más atroces tormentos del infierno si estornuda en una iglesia? Antes que nada, creo que lo fundamental es abrir la mente y dejar de lado los cernidores que de pronto han comenzado a funcionar indiscriminadamente en este maldito país.
1 Respuesta a Sobre Este (maldito) país
Juan Secaira 3 Julio 2009 a las 8:14 PM
totalmente absurda la censura. Totalmente, pues es una creación artística. Aunque maldito signifique eso, maldito, o incluso algo mucho peor. Como bien dice Lucrecia Maldonado en la primera parte del artículo, censurarlo no es la respuesta. REpito: pese a que maldito signifique eso mismo ¿Y qué? si es una creación de su autor, una visión personal de un fenómeno. Por eso se leen y se ven pendejadas (significado literal) y no se entiende el arte como debe ser.Cuántos autores han tenido una relaciñón tormentosa con su suelo, con ellos mismos, con su entorno, y no han sido víctimas de esto. Y a LIma, la horrible cómo le pondrán los sabios censores de por acá.Si la película, aún no la he visto, presenta furia y también amor, pues bien. Si sólo es furia o sólo amor, también. y si es, artísticamente, una puteada al rincón patrio, pues perfecto.mejor, como decía una vieja comedia nacional: dejémonos de vainas. Saludos
Publicado 1 Julio 2009
Hace unos días, el documentalista Juan Martín Cueva recibió la noticia de que parte del título de su documental ”Este maldito país” sería censudaro por parte de EcuadorTV (la televisión pública del Ecuador). La razón: pues porque la palabra “maldito” podría herir suceptibilidades(…). Yo me pregunto, ¿hasta cuándo se seguirá manejando una política tan conservadora en la televisión pública? Esta no es la primera vez que hacen algo semejante. Hace algún tiempo, exhibieron el cortometraje “Pía” del director Javier Andrade, sin nisiquiera pedirle autorización, y encima censuraron las “malas palabras”. A continuación, un artículo que la escritora Lucrecia Maldonado escribió al respecto:
Hay cosas que se tienen que censurar. El morbo. La estulticia. La pornografía en horario para todo público. La violencia sádica en ídem. La crónica roja sin reflexión. No se puede dejar que ciertas cosas (no tanto ideas: procedimientos, aberraciones, esos lados extremadamente oscuros y perturbadores de la condición humana) circulen por ahí, mostrándose impúdicamente ante gente que quizá no está preparada para enfrentarlas con madurez y criterio.
Pero de ahí a volverse Torquemadas de los microorganismos que pueden aparecer por ahí media una gran distancia. Personalmente, apoyo que se aplique la ley en casos como los de difundir noticias basadas en supuestos que finalmente pueden provocar conmoción social y fácil llevar al caos. Por lo menos que se llame la atención o se reconvenga con firmeza.
Pero cuando se arremete contra seriales como “Los Simpsons”, o cuando se ejerce la autocensura sin criterio, sí me quedo pensando un rato en hasta qué punto la regulación de los medios, mejor dicho, de lo que podemos ver y escuchar a través de ellos, tiene un sentido y una función social encaminados hacia el bien común y no como manera de saciar caprichos individuales, partidistas o lugares comunes de la moralina más barata y rastrera.
Por ejemplo, el canal público Ecuador TV presenta el documental de Juan Martín Cueva “Este maldito país”. Pero deciden ‘amputarle’ el adjetivo. ¿Por qué? ¿Cuál es el criterio que opera en esta ‘selección’ lingüística? ¿Alguien le preguntó al autor del documental si estaba de acuerdo con el cambio? Es más… ¿Alguien le preguntó al autor por qué estaba ese adjetivo ahí, qué función, qué importancia tiene esa sola palabra dentro del nombre del documental?
Seguro que no. Alguien leyó la palabra ‘maldito’, la equipararon a descalificación e insulto y… ¡unas tijeras, pronto, de urgencia! Para peor, ese adjetivo estaba calificando a la sagrada palabra ‘país’. Y entonces, bueno, pasamos la película, apoyamos el cine nacional, el tan mentado ‘talento’ nacional, y respiramos en paz porque al mismo tiempo estamos defendiendo el sagrado concepto de ‘país’ del artero ataque del adjetivo ‘maldito’. En años de colegio se aprende (se debería aprender) a leer entre líneas. Se debería llegar a comprender que en el lenguaje connotativo es un pecado muy grave abordar las palabras y las expresiones desde su significado lineal sin atender a los matices y las variantes semánticas. ‘Maldito’, en el caso citado, es una palabra que esconde rabia, decepción, pero también amor y deseos de cambiar lo que nos enferma como sociedad e individuos. ¿Es tan difícil de comprender? ¿A quién hay que dibujarle una explicación que debería ser innecesaria? ¿Cómo se puede manejar algo tan grande como la difusión de las expresiones culturales de un país con el criterio maniqueísta de un niño al que le han aterrorizado desde el vientre materno con la posibilidad de los más atroces tormentos del infierno si estornuda en una iglesia? Antes que nada, creo que lo fundamental es abrir la mente y dejar de lado los cernidores que de pronto han comenzado a funcionar indiscriminadamente en este maldito país.
1 Respuesta a Sobre Este (maldito) país
Juan Secaira 3 Julio 2009 a las 8:14 PM
totalmente absurda la censura. Totalmente, pues es una creación artística. Aunque maldito signifique eso, maldito, o incluso algo mucho peor. Como bien dice Lucrecia Maldonado en la primera parte del artículo, censurarlo no es la respuesta. REpito: pese a que maldito signifique eso mismo ¿Y qué? si es una creación de su autor, una visión personal de un fenómeno. Por eso se leen y se ven pendejadas (significado literal) y no se entiende el arte como debe ser.Cuántos autores han tenido una relaciñón tormentosa con su suelo, con ellos mismos, con su entorno, y no han sido víctimas de esto. Y a LIma, la horrible cómo le pondrán los sabios censores de por acá.Si la película, aún no la he visto, presenta furia y también amor, pues bien. Si sólo es furia o sólo amor, también. y si es, artísticamente, una puteada al rincón patrio, pues perfecto.mejor, como decía una vieja comedia nacional: dejémonos de vainas. Saludos
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jueves, 13 de agosto de 2009
Montevideo y Pasto
"En Ecuador se hace cine" se llama la muestra de la cinemateca de Montevideo, se proyecta "Este Maldito País" el día viernes 14 de agosto a las 18, 19h30 y 21h. (http://www.cinemateca.org.uy/calendario.html)
En Pasto en 4to festival internacional inicia el martes 18: http://festicinepasto.blogspot.com/2009/07/20_15.html
Estará "Sara la espantapájaros", de Jorge Vivanco, "Memoria de Quito" de Mauricio Velasco y "Este maldito país" de Juan Martín Cueva, además de una muestra de cortos premiados en el Cero Latitud.
En Pasto en 4to festival internacional inicia el martes 18: http://festicinepasto.blogspot.com/2009/07/20_15.html
Estará "Sara la espantapájaros", de Jorge Vivanco, "Memoria de Quito" de Mauricio Velasco y "Este maldito país" de Juan Martín Cueva, además de una muestra de cortos premiados en el Cero Latitud.
jueves, 16 de julio de 2009
De tropezón en tropezón
A propósito de la mutilación del título de "Este maldito país" en la TV pública ecuatoriana, una nota de César Ricaurte aparecida en el diario HOY del 8 de julio de 2009.
De tropezón en tropezón
Por César Ricaurte
Crítico de TV
No es la primera vez que Ecuador TV y el cine independiente ecuatoriano tienen líos. Hace meses ya hubo una polémica por las emisiones de algunas películas sin los debidos permisos de los autores, quejas por mutilaciones e incluso reclamos por los cortes en los créditos.
Así que, lamentablemente, lo sucedido hace más de una semana con el documental Este maldito país de Juan Martín Cueva es el penúltimo despropósito de una larga sucesión de ellos. Para quienes aún no lo sepan, Ecuador TV decidió emitir el trabajo mencionado censurando su título para reducirlo a Este país.¿Qué es lo que pasa en Ecuador TV? ¿Por qué no logra arrancar como un verdadero proyecto de TV pública? A lo sumo se contentan con un "somos menos malos que los demás canales" y un "tenemos programación para niños". Lo cual sabe inevitablemente a muy poco. Revisemos más: este domingo, RTU retransmitía las imágenes en vivo del intento de regreso de Manuel Zelaya a Tegucigalpa, provistas por Telesur y CNN en Español. ¿Qué pasaba con Ecuador TV? Pues emitían un programa de entretenimiento. El problema, como siempre, no está en las sábanas. El asunto es que Ecuador TV nació sin proyecto. Nació sin un estatuto de funcionamiento que garantizara libertad de gestión, claridad jurídica, línea editorial independiente y en este año, las cosas se han deteriorado, en lugar de mejorar. En lugar de atender al criterio de respeto por una obra y por su autor se atiende a una moralidad tan limitada que considera inapropiada una palabra como "maldito".
Hora GMT: 08/Julio/2009 - 05:02
De tropezón en tropezón
Por César Ricaurte
Crítico de TV
No es la primera vez que Ecuador TV y el cine independiente ecuatoriano tienen líos. Hace meses ya hubo una polémica por las emisiones de algunas películas sin los debidos permisos de los autores, quejas por mutilaciones e incluso reclamos por los cortes en los créditos.
Así que, lamentablemente, lo sucedido hace más de una semana con el documental Este maldito país de Juan Martín Cueva es el penúltimo despropósito de una larga sucesión de ellos. Para quienes aún no lo sepan, Ecuador TV decidió emitir el trabajo mencionado censurando su título para reducirlo a Este país.¿Qué es lo que pasa en Ecuador TV? ¿Por qué no logra arrancar como un verdadero proyecto de TV pública? A lo sumo se contentan con un "somos menos malos que los demás canales" y un "tenemos programación para niños". Lo cual sabe inevitablemente a muy poco. Revisemos más: este domingo, RTU retransmitía las imágenes en vivo del intento de regreso de Manuel Zelaya a Tegucigalpa, provistas por Telesur y CNN en Español. ¿Qué pasaba con Ecuador TV? Pues emitían un programa de entretenimiento. El problema, como siempre, no está en las sábanas. El asunto es que Ecuador TV nació sin proyecto. Nació sin un estatuto de funcionamiento que garantizara libertad de gestión, claridad jurídica, línea editorial independiente y en este año, las cosas se han deteriorado, en lugar de mejorar. En lugar de atender al criterio de respeto por una obra y por su autor se atiende a una moralidad tan limitada que considera inapropiada una palabra como "maldito".
Hora GMT: 08/Julio/2009 - 05:02
sábado, 4 de julio de 2009
Mauro Cerbino: "Inquisición pública"
Tomada de la edición impresa de El Telégrafo del 05 de julio del 2009
Inquisición pública

Inquisición pública

Mauro Cerbino
De mal en peor. No solo no hay una discusión seria sobre los significados de la televisión pública al interior del medio y en el país, sino que se consolida una postura según la cual hacer televisión pública es ejercer el control sobre los contenidos que se emiten. Este control ni siquiera se parece a la actitud de lo “políticamente correcto” que vuelve apática cualquier discusión. Tiene más bien el carácter de una censura al estilo de aquellas perpetradas por regímenes que hacen del fanatismo moral un norte para tomar decisiones discriminatorias que atentan contra los más mínimos principios de equidad.
Indignación es lo que me produce el haberme enterado de que EcuadorTV, un proyecto de comunicación al que muchos hemos apostado para “sanear” el pantano televisivo existente desde hace 40 años, censura contenidos que considera no acordes con su “política institucional”. Me refiero a la amputación (término que da escalofrío) del título del documental de Juan Martín Cueva Este Maldito País que quedó reducido a “Este País”.
¿Y cuáles son los argumentos? Los directivos se remiten a decisiones tomadas por un inefable comité de programación que tiene el deber de hacer respetar el criterio según el cual “no se pueden presentar títulos o contenidos donde se ofenda la susceptibilidad, creencias, idiosincrasias y valores de la teleaudiencia”. ¡Vaya argucia! Los miembros de este comité tienen una idea (que no es conocimiento) muy extraña sobre la “teleaudiencia” (denominada así adquiere el significado de una masa uniforme y compacta), porque piensan que le afectarían las “malas palabras” o le ofenderían las imágenes de cuerpos desnudos. Esos defensores de la “moralidad pública”, expresión que recuerda las peores actitudes inquisitorias, se arrogan el derecho de definir de antemano qué pueden o no ver los indefensos e infantilizados televidentes, cuando, con menos hipocresía, podrían preguntarse si es dable la mutilación de obras cinematográficas que lo que pretenden es -más allá de la calificación que podamos darles- despertar el interés y fomentar la reflexión sobre algún tema de naturaleza pública. Es imposible no relacionar estas censuras con las mutilaciones y ocultamientos que la Iglesia Católica ha realizado en el pasado (y en el presente) en diferentes obras. Los velos a las pinturas o las amputaciones del órgano masculino de las esculturas son un ejemplo tristemente famoso.
No quiero una televisión así. Que confunde interés común con moralina. Que con el pretexto de salvaguardar a los televidentes (que desconoce) cae en los mismos errores que cometen los medios privados que escudándose en una “línea editorial” discriminan contenidos no “convenientes”. Que el comité de programación y los directivos del canal se dediquen más a renovar lenguajes y estéticas televisivas, que promuevan la pluralidad acogiendo expresiones de quienes nunca hablaron en los medios, que fomenten una mayor y más diversa generación de contenidos propios y no de enlatados adquiridos en las ferias de Miami que vienen con el membrete “para medios públicos”. Que dejen en paz los contenidos de obras de ficción que falta nos hacen para pensar el país, el que fuere, el que podamos definir como queramos, sin censuras.
De mal en peor. No solo no hay una discusión seria sobre los significados de la televisión pública al interior del medio y en el país, sino que se consolida una postura según la cual hacer televisión pública es ejercer el control sobre los contenidos que se emiten. Este control ni siquiera se parece a la actitud de lo “políticamente correcto” que vuelve apática cualquier discusión. Tiene más bien el carácter de una censura al estilo de aquellas perpetradas por regímenes que hacen del fanatismo moral un norte para tomar decisiones discriminatorias que atentan contra los más mínimos principios de equidad.
Indignación es lo que me produce el haberme enterado de que EcuadorTV, un proyecto de comunicación al que muchos hemos apostado para “sanear” el pantano televisivo existente desde hace 40 años, censura contenidos que considera no acordes con su “política institucional”. Me refiero a la amputación (término que da escalofrío) del título del documental de Juan Martín Cueva Este Maldito País que quedó reducido a “Este País”.
¿Y cuáles son los argumentos? Los directivos se remiten a decisiones tomadas por un inefable comité de programación que tiene el deber de hacer respetar el criterio según el cual “no se pueden presentar títulos o contenidos donde se ofenda la susceptibilidad, creencias, idiosincrasias y valores de la teleaudiencia”. ¡Vaya argucia! Los miembros de este comité tienen una idea (que no es conocimiento) muy extraña sobre la “teleaudiencia” (denominada así adquiere el significado de una masa uniforme y compacta), porque piensan que le afectarían las “malas palabras” o le ofenderían las imágenes de cuerpos desnudos. Esos defensores de la “moralidad pública”, expresión que recuerda las peores actitudes inquisitorias, se arrogan el derecho de definir de antemano qué pueden o no ver los indefensos e infantilizados televidentes, cuando, con menos hipocresía, podrían preguntarse si es dable la mutilación de obras cinematográficas que lo que pretenden es -más allá de la calificación que podamos darles- despertar el interés y fomentar la reflexión sobre algún tema de naturaleza pública. Es imposible no relacionar estas censuras con las mutilaciones y ocultamientos que la Iglesia Católica ha realizado en el pasado (y en el presente) en diferentes obras. Los velos a las pinturas o las amputaciones del órgano masculino de las esculturas son un ejemplo tristemente famoso.
No quiero una televisión así. Que confunde interés común con moralina. Que con el pretexto de salvaguardar a los televidentes (que desconoce) cae en los mismos errores que cometen los medios privados que escudándose en una “línea editorial” discriminan contenidos no “convenientes”. Que el comité de programación y los directivos del canal se dediquen más a renovar lenguajes y estéticas televisivas, que promuevan la pluralidad acogiendo expresiones de quienes nunca hablaron en los medios, que fomenten una mayor y más diversa generación de contenidos propios y no de enlatados adquiridos en las ferias de Miami que vienen con el membrete “para medios públicos”. Que dejen en paz los contenidos de obras de ficción que falta nos hacen para pensar el país, el que fuere, el que podamos definir como queramos, sin censuras.
Nuevo artículo de prensa...
... sobre la TV Pública, reflexión de Santiago Zucko Rosero aparecida hoy en El Telégrafo.
Tomada de la edición impresa del 04 de julio del 2009
De lo público, poco

Santiago Rosero
En las charlas sobre Cultura y Transformación Social que se desarrollaron la semana pasada en la FLACSO y la USFQ, participaron, entre otros ponentes, el sociólogo venezolano Tulio Hernández y el académico estadounidense George Yudice.
Tomada de la edición impresa del 04 de julio del 2009
De lo público, poco

Santiago Rosero
En las charlas sobre Cultura y Transformación Social que se desarrollaron la semana pasada en la FLACSO y la USFQ, participaron, entre otros ponentes, el sociólogo venezolano Tulio Hernández y el académico estadounidense George Yudice.
Aterrizando en la actualidad de nuestro contexto, Yudice advirtió que en un escenario ideal el cierre de un canal de televisión serviría como catapulta para que en el espacio que sustituya al clausurado se incluyan contenidos de producción local y alternativa, entendiéndose esto como una apertura a la pluralidad de la información, al incentivo de producción independiente y a la generación de una circulación de sentidos divergentes de los que se promueven con enlatados vanos sedientos de rating.
A esto, Tulio Hernández refutó argumentando que en Venezuela, tras el cierre de Radio Caracas Televisión, según investigaciones del Instituto de Estudios de la Comunicación, la inclusión de contenidos locales en el nuevo canal había decrecido en un 50 %.
Yudice precisó que lo expresado no se trataba de una garantía per se sino de una condición de posibilidad. Que era eso o el eterno encontronazo con los medios privados que ante todo evalúan la potencialidad económica de los productos mediáticos, pero en ningún caso una garantía definitiva.
La condición de posibilidad, en su desarrollo, aparte de valerse de una plataforma tecnológica disponible, tendría que venir incentivada por el diseño de una política que por fuera de la política establezca marcos que promuevan y protejan la producción local y alternativa, donde lo alternativo debiera estar dirigido más a una disputa de espacios y de construcción de sentidos antes que a una alternancia con, o peor a una continuidad de lo establecido.
Si bien el de Ecuador TV no es el caso de un canal que vino a sustituir uno cerrado, sí es –o al menos se concibió así en el ideal- el esfuerzo por instalar televisión pública en el país. Sin embargo, el fundamento de lo público en aras de promover la producción local y de potenciar la visibilización de sujetos, procesos y discursos por tradición excluidos, dista mucho de verse efectivizado en su gestión. Y no solamente que la noción de lo público adolece de fortaleza sino que viejos vicios como la censura arbitraria han empezado a asentarse en sus parrillas programáticas. Ha pasado con trabajos de cineastas ecuatorianos: al cortometraje Pía, de Javier Andrade, además de haberlo transmitido sin su permiso, le amputaron las “malas palabras”; y hace poco, al documental Este maldito país, de Juan Martín Cueva, le cercenaron el adjetivo.
Junto al irrespeto que implica la alteración de una obra de autor sin su consentimiento, existe en el proceder de ECTV señales aún más preocupantes: la injerencia de una moralidad que parece querer congraciarse con algún tipo de susceptibilidad pública que ellos han delimitado. Las preguntas: ¿a quién o a qué responde esa moral que censura y coarta? ¿A nombre de quién habla el canal? ¿Qué entiende por público la línea editorial del canal público?
martes, 30 de junio de 2009
Este (maldito) país
Tomada de la edición impresa del Diario El Telégrafo del 30 de junio del 2009
Este [maldito] país

Lucrecia Maldonado
lmaldonado@telegrafo.com.ec
Hay cosas que se tienen que censurar. El morbo. La estulticia. La pornografía en horario para todo público. La violencia sádica en ídem. La crónica roja sin reflexión. No se puede dejar que ciertas cosas (no tanto ideas: procedimientos, aberraciones, esos lados extremadamente oscuros y perturbadores de la condición humana) circulen por ahí, mostrándose impúdicamente ante gente que quizá no está preparada para enfrentarlas con madurez y criterio.
Pero de ahí a volverse Torquemadas de los microorganismos que pueden aparecer por ahí media una gran distancia. Personalmente, apoyo que se aplique la ley en casos como los de difundir noticias basadas en supuestos que finalmente pueden provocar conmoción social y fácil llevar al caos. Por lo menos que se llame la atención o se reconvenga con firmeza.
Pero cuando se arremete contra seriales como “Los Simpsons”, o cuando se ejerce la autocensura sin criterio, sí me quedo pensando un rato en hasta qué punto la regulación de los medios, mejor dicho, de lo que podemos ver y escuchar a través de ellos, tiene un sentido y una función social encaminados hacia el bien común y no como manera de saciar caprichos individuales, partidistas o lugares comunes de la moralina más barata y rastrera.
“En el caso citado, ‘maldito’ es una palabra que esconde rabia, decepción, pero también amor...”
Por ejemplo, el canal público Ecuador TV presenta el documental de Juan Martín Cueva “Este maldito país”. Pero deciden ‘amputarle’ el adjetivo. ¿Por qué? ¿Cuál es el criterio que opera en esta ‘selección’ lingüística? ¿Alguien le preguntó al autor del documental si estaba de acuerdo con el cambio? Es más… ¿Alguien le preguntó al autor por qué estaba ese adjetivo ahí, qué función, qué importancia tiene esa sola palabra dentro del nombre del documental?
Seguro que no. Alguien leyó la palabra ‘maldito’, la equipararon a descalificación e insulto y… ¡unas tijeras, pronto, de urgencia! Para peor, ese adjetivo estaba calificando a la sagrada palabra ‘país’. Y entonces, bueno, pasamos la película, apoyamos el cine nacional, el tan mentado ‘talento’ nacional, y respiramos en paz porque al mismo tiempo estamos defendiendo el sagrado concepto de ‘país’ del artero ataque del adjetivo ‘maldito’. En años de colegio se aprende (se debería aprender) a leer entre líneas. Se debería llegar a comprender que en el lenguaje connotativo es un pecado muy grave abordar las palabras y las expresiones desde su significado lineal sin atender a los matices y las variantes semánticas. ‘Maldito’, en el caso citado, es una palabra que esconde rabia, decepción, pero también amor y deseos de cambiar lo que nos enferma como sociedad e individuos. ¿Es tan difícil de comprender? ¿A quién hay que dibujarle una explicación que debería ser innecesaria? ¿Cómo se puede manejar algo tan grande como la difusión de las expresiones culturales de un país con el criterio maniqueísta de un niño al que le han aterrorizado desde el vientre materno con la posibilidad de los más atroces tormentos del infierno si estornuda en una iglesia? Antes que nada, creo que lo fundamental es abrir la mente y dejar de lado los cernidores que de pronto han comenzado a funcionar indiscriminadamente en este maldito país.
Este [maldito] país

Lucrecia Maldonado
lmaldonado@telegrafo.com.ec
Hay cosas que se tienen que censurar. El morbo. La estulticia. La pornografía en horario para todo público. La violencia sádica en ídem. La crónica roja sin reflexión. No se puede dejar que ciertas cosas (no tanto ideas: procedimientos, aberraciones, esos lados extremadamente oscuros y perturbadores de la condición humana) circulen por ahí, mostrándose impúdicamente ante gente que quizá no está preparada para enfrentarlas con madurez y criterio.
Pero de ahí a volverse Torquemadas de los microorganismos que pueden aparecer por ahí media una gran distancia. Personalmente, apoyo que se aplique la ley en casos como los de difundir noticias basadas en supuestos que finalmente pueden provocar conmoción social y fácil llevar al caos. Por lo menos que se llame la atención o se reconvenga con firmeza.
Pero cuando se arremete contra seriales como “Los Simpsons”, o cuando se ejerce la autocensura sin criterio, sí me quedo pensando un rato en hasta qué punto la regulación de los medios, mejor dicho, de lo que podemos ver y escuchar a través de ellos, tiene un sentido y una función social encaminados hacia el bien común y no como manera de saciar caprichos individuales, partidistas o lugares comunes de la moralina más barata y rastrera.
“En el caso citado, ‘maldito’ es una palabra que esconde rabia, decepción, pero también amor...”
Por ejemplo, el canal público Ecuador TV presenta el documental de Juan Martín Cueva “Este maldito país”. Pero deciden ‘amputarle’ el adjetivo. ¿Por qué? ¿Cuál es el criterio que opera en esta ‘selección’ lingüística? ¿Alguien le preguntó al autor del documental si estaba de acuerdo con el cambio? Es más… ¿Alguien le preguntó al autor por qué estaba ese adjetivo ahí, qué función, qué importancia tiene esa sola palabra dentro del nombre del documental?
Seguro que no. Alguien leyó la palabra ‘maldito’, la equipararon a descalificación e insulto y… ¡unas tijeras, pronto, de urgencia! Para peor, ese adjetivo estaba calificando a la sagrada palabra ‘país’. Y entonces, bueno, pasamos la película, apoyamos el cine nacional, el tan mentado ‘talento’ nacional, y respiramos en paz porque al mismo tiempo estamos defendiendo el sagrado concepto de ‘país’ del artero ataque del adjetivo ‘maldito’. En años de colegio se aprende (se debería aprender) a leer entre líneas. Se debería llegar a comprender que en el lenguaje connotativo es un pecado muy grave abordar las palabras y las expresiones desde su significado lineal sin atender a los matices y las variantes semánticas. ‘Maldito’, en el caso citado, es una palabra que esconde rabia, decepción, pero también amor y deseos de cambiar lo que nos enferma como sociedad e individuos. ¿Es tan difícil de comprender? ¿A quién hay que dibujarle una explicación que debería ser innecesaria? ¿Cómo se puede manejar algo tan grande como la difusión de las expresiones culturales de un país con el criterio maniqueísta de un niño al que le han aterrorizado desde el vientre materno con la posibilidad de los más atroces tormentos del infierno si estornuda en una iglesia? Antes que nada, creo que lo fundamental es abrir la mente y dejar de lado los cernidores que de pronto han comenzado a funcionar indiscriminadamente en este maldito país.
sábado, 13 de junio de 2009
ESTE MALDITO PAIS en CINECUANON
ESTE MALDITO PAIS fue proyectada el jueves 11 de junio en los cines VERDI, de Barcelona, en el marco del segundo festival CINECUANON.
Muchas películas ecuatorianas forman parte de esta muestra, entre ellas una retrospectiva completa de la obra de Sebastián Cordero, incluyendo Ratas, ratones y rateros, Crónicas, y su documental Viteri, un autoretrato.
También de proyectan las ficciones Esas no son penas, de Anahi Hoeneisen y Daniel Andrade, Cuando me toque a mí, de Víctor Arregui, y Qué tan lejos, de Tania Hermida (que en esos mismos días ganó un premio en Austria: http://www.ecuadorinmediato.com/noticias/106378).
En documental, se proyectan Porqué mueren los castaños de Tito Molina, Baltazar Ushka, el tiempo congelado, de José Antonio e Igor Guaysamín, Alfaro Vive Carajo, del sueño al caos, de Isabel Dávalos, Golpe a golpe, de Galo Betancourt, Goerge Febres, de Ivo Orlando Huahua, entre otros.
Muchas películas ecuatorianas forman parte de esta muestra, entre ellas una retrospectiva completa de la obra de Sebastián Cordero, incluyendo Ratas, ratones y rateros, Crónicas, y su documental Viteri, un autoretrato.
También de proyectan las ficciones Esas no son penas, de Anahi Hoeneisen y Daniel Andrade, Cuando me toque a mí, de Víctor Arregui, y Qué tan lejos, de Tania Hermida (que en esos mismos días ganó un premio en Austria: http://www.ecuadorinmediato.com/noticias/106378).
En documental, se proyectan Porqué mueren los castaños de Tito Molina, Baltazar Ushka, el tiempo congelado, de José Antonio e Igor Guaysamín, Alfaro Vive Carajo, del sueño al caos, de Isabel Dávalos, Golpe a golpe, de Galo Betancourt, Goerge Febres, de Ivo Orlando Huahua, entre otros.
martes, 19 de mayo de 2009
ESTE MALDITO PAIS EN CINES
Proyecciones en Quito, Guayaquil y Manta
Del 20 al 31 de mayo de 2009
Del 20 al 31 de mayo de 2009
SALA ALFREDO PAREJA
(Cinemateca Casa de la Cultura)
DEL 20 AL 24 DE MAYO
DEL 20 AL 24 DE MAYO
17h00 y 19h30
CINE OCHOYMEDIO
(La Floresta y Tumbaco)
DEL 22 AL 31 DE MAYO 2009
Detalle de horarios Cine OchoyMedio
Quito:
La Floresta
Del viernes 22 al domingo 24, 21h15
Lunes 25 y martes 26, 19h00
Miércoles 27, 16h30
Jueves 28 y viernes 29, 19h00
Sábado 30 y domingo 31, 21h15
Ventura Mall Tumbaco
Martes 26, 19h00
Viernes 29, 20h00
Sábado 30 y domingo 31, 17h00
OTRAS CIUDADES
Maac Cine Guayaquil
Miércoles 27 y jueves 28, 19h10
Maac Cine Manta
Del jueves 28 al sábado 30, 19h30
UN ESPACIO DE DIALOGO CON EL DIRECTOR
LA ESCUELA DEL ESPECTADOR
OchoyMedio Tumbaco (Ventura Mall)
Martes 26 de mayo a las 19h00
Etiquetas:
Cinemateca CCE,
Estreno salas Quito,
Guayaquil,
Horarios proyecciones,
Maac Cine,
Manta,
OchoyMedio
domingo, 3 de mayo de 2009
Entrevista en www.ahoraenquito.com
Escrito por Santiago Estrella
Domingo, 17 de Mayo de 2009
Juan Martín Cueva y su “Maldito País”
El amarillo, azul y rojo pintado en una pared, sobre este símbolo pasan personas anónimas de todo tipo, indios, negros, mestizos, grandes, chicos. Pasan todos con un nombre y una cédula que lo identifica, pero cuando en el Ecuador se habla de nosotros, no sabemos exactamente a qué nos referimos. Así plantea Juan Martín Cueva el tema de su película documental Conversamos con este alto realizador, pinta de gringo, refugiado en sus anteojos para darle vueltas a cada pregunta, para poner contextos que nos permitan conocer mejor su mirada sobre este país del norte de Sudamérica, este maldito país que se sigue construyendo.
¿Cómo se dio y se concretó la película?
Inicialmente ESTE MALDITO PAÍS era un proyecto un tanto disperso, no tenía título ni nada. Tenía algunas ideas pero no se lograban estructurar en un solo proyecto. En eso surge una convocatoria de la televisión de América Latina, en diez países, para que en cada país un documentalista hiciera un ensayo documental acerca de los rasgos característicos de cada población. Yo aproveché eso para “reciclar” algunas ideas que yo tenía y ponerle en el formato que ellos pedían. Resultado de eso es una versión de 52 de esta misma película, pero cuando estábamos editando en Brasil, hace un año, vimos con los productores, editores y amigos que era una pena cortar tanto el material que se tenía. Finalmente se cumplió con ese compromiso de 52 minutos, pero se trabajó este nuevo material, la película que se pasa en estos días, porque esperé para estrenarla en los EDOC.
¿Tendrá la película una gira por el país?
En realidad esta película tuvo un tratamiento al revés del acostumbrado, ya se ha pasado en varias ciudades, pero no quería estrenar todavía en Quito. Estuvo en Guayaquil, en Cuenca, en Riobamba y afuera en varios festivales.
¿Sobre los personajes, cómo se seleccionaron?
Fueron varios los personajes que se quedaron fuera, no porque sean malos o porque las entrevista no hayan estado buenas, sino porque a diferencia de la ficción, en el documental es en la edición donde se arma el sentido, si bien hay un guión, muchas cosas pueden pasar al llegar a la edición. Dos personajes que están en la película no estaban previstos en lo más mínimo. Héctor Flores, el indígena de Cotacachi, casado con la japonesa no estaba planificado, tenía una idea porque los conocía, pero no sabía que me iban a dar y en realidad paramos allí, camino al Chota, para ver qué pasaba. Finalmente a la gente le gusta mucho lo que aportan estos personajes.
Yo debo confesar que nunca tomé el toro por los cuernos en cuanto al asunto de que algunos personajes eran conocidos y otros para nada. En algún momento si me planteé y me pregunté qué hago. Aquí en el Ecuador si uno le ve al Jorge Enrique Adoum, sabe quién es él, pero afuera es distinto, la recepción es distinta. Afuera pocos, los entendidos en literatura saben quién es Jorge Enrique Adoum, y prácticamente nadie sabe quién es Lourdes Tibán, Jaime Guevara o Jaime Enrique Aymara. En Brasil me pasó que una chica que vio el documental dijo: qué bonito el viejito que habla, que sabio, y yo le dije se trata de uno de los principales intelectuales del Ecuador. Igual pasaba con Lourdes Tibán. Entonces la relación del documental con el espectador es distinta y por ello decidí dejar al final a todos estos personajes, al mismo nivel.
¿Qué argumentos te dejó ESTE MALDITO PAÍS en cuanto a la identidad ecuatoriana?
En el caso de mi documental planteo una serie de preguntas y por lo tanto no quería establecer una argumentación a favor de una u otra forma de pensarnos o describirnos a los ecuatorianos. Lo que formulo es preguntas sobre verdades que aparecen como incuestionables, pero que a mi me quedan dudas. La idea de la identidad basada en tres o cuatro cosas: la diversidad pero como un enunciado vacío y limitada a lo étnico; la cuestión de los símbolos patrios en esa especie de nacionalismo o patriotismo un poco vacío; pero en el fondo de todo eso veo una gran inseguridad, no solo de qué mismo es el Ecuador al cabo de muy poco tiempo de existencia, menos de 200 años, sino como un conjunto de poblaciones diversas que no creen necesariamente en una relación muy armónica entre ellas. En Cuenca me decía alguien, por ejemplo, “todo bien, todo chévere, la diversidad, pero ¡Qué tiene que ver el marica este con el asunto de la identidad ecuatoriana”. Eso te dice que hay un acercamiento a la noción de identidad solamente desde lo étnico, es decir, chévere que haya indios, negros, blanquitos, que hayan inmigrantes, pero ¿qué tiene que ver un homosexual dentro de todo eso?, cuando él mismo se describe: padre quiteño, madre riobambeña, de clase media urbana, quiteña, mestiza y yo creo que ahí están elementos fundamentales de nuestra manera de ser. No hay tanto argumentos en la película, sino cuestionamientos, yo quería poner una serie de temas sobre el tapete para que se debatan, pero tampoco quería hacer una tesis de antropología. Leí la crítica que hace el Xavier Andrade, en el catálogo de los EDOC, a varios documentales ecuatorianos, y me parece muy interesante. Yo estoy bien abierto a las críticas, pero me parece que no se puede leer un documental como se lee una tesis de antropología.
ESTE MALDITO PAÍS, el nombre por sí solo vende…
La verdad es que el título fue puesto con esa intención. No creo que sea fácil atraer a las masas, a los espectadores a las salas para ver un documental sobre lo que es ser ecuatoriano. Me parece que es un tema que puede repeler a ciertas personas, entonces el título tiene la intención de atraer y está funcionando. Es un título que te atrae o te cuestiona ¿por qué le ponen ese título?, pero logra llamar la atención.
En un festival de Estados Unidos el organizador me escribió y me dijo, chévere, lo seleccionamos, venga, pero me preguntó ¿no has pensado en cambiarle el título? Eso también pasa.
¿Qué va a pasar luego de esta película, vendrá el bonito país?
Yo creo que el bonito país está dentro del documental. Yo estoy dentro de otros proyectos. No tengo una expectativa desbordante con esta película, si tienen éxito y la gente va a verla y genera discusión, chévere; pero no pretendo que sea un éxito de taquilla, ningún documental ecuatoriano lo ha sido, e incluso para las películas nacionales de ficción es difícil. Te enfrentas a un circuito que está pensado, hecho, constituido para otro tipo de cine. Así que mejor que circule, como decía el Pocho Álvarez (con respecto a su documental A CIELO ABIERTO, DERECHOS MINADOS), mientras más se reproduzca, piratee y circule, mejor. A mi personalmente me parece que este y muchos documentales que están en los EDOC deberían ser objeto de interés, por parte, por ejemplo, de la televisión pública.
Ahora realmente estoy con un par de proyectos nuevos. Quiero hacer un documental mío, personal y otras cosas que tengo pendientes.
sábado, 2 de mayo de 2009
Otros dos textos sobre el documental
Nuevamente se escribe en la prensa y en otros medios acerca de Este maldito país... esta vez son Catalina León, en El Telégrafo del día 12 de mayo, y Claudia Reyes desde Chile.
Aquí los textos:
Historias e identidades
Catalina León.
¿Quiénes y cómo somos los ecuatorianos y ecuatorianas? Se pregunta Juan Martín Cueva, en su último documental Este maldito país. Se deslizan en la pantalla rostros y testimonios, procedencias plurales, fenotipos diversos, semillas de gentes de todas partes: el Lejano Oriente, el Mediterráneo oriental y occidental, herederos de los amores de negros e indias, homosexuales, descendientes de los pueblos originarios, intelectuales de piel oscura que revientan el estereotipo del sabio encanecido, de sexo masculino e ineludiblemente europeo. Vemos al mestizaje hispano-nativo, sin el cual es inconcebible la ecuatorianidad, y vemos también a compatriotas en la diáspora en pos del sueño que fuera negado por esta patria, la madrastra-que-arrastra.
La policromía captada por la sensibilidad de Cueva dista de la monotonía que hasta hace poco inculcaba el discurso oficial, reduciendo la ecuatorianidad al europeizante matiz “blanco-mestizo”. Los otros, los “negros”, los indios y muchas otras mezclas fenotípicas y culturales, cuyos nombres fueron proscritos, ocupaban un silencioso rincón en los relatos escritos, visuales y sonoros de la nación. Así, la nación ecuatoriana emergió con una historia cercenada, sobre una multitud de hijos e hijas del viento.
“Lo ecuatoriano tiene diversos efectos térmicos: de la selva, del magnetismo oceánico...”
Me ha conmovido la respuesta de Cueva a la añeja interrogación. El Ecuador crece con todos los colores de lo humano, con historias de dolor y generosidad, de amores que vencen las distancias, con voluntades que derrotan al destino y las prisiones, con la magia de las músicas que vibran en nuestros pueblos, entre la marimba y Bach. Historias que germinan en la selva, en el mar, en el páramo, en las florecientes riberas de nuestro Litoral. Lo ecuatoriano, entonces, se ve y se dice de muchas maneras, despide muchos aromas, trae a flor de piel las más diversas sensaciones térmicas: de la selva, de los valles y montañas y del magnetismo oceánico, de todo aquello que hace del Ecuador un país increíble. Los ecuatorianos y ecuatorianas somos todo eso, nos dice Juan Martín, una Babel de sueños y frustraciones, de injusticias, de formas de sentir la vida. Una Babel que nos duele: ¡Este maldito país! ¿Cómo fundirlo todo en el mismo crisol? ¿Y cómo se explican, ahí, la pobreza extrema y la ostentación, el conformismo y el exilio económico de millones, la diáspora de la orfandad?
Se me ocurre -¿o me lo sugiere Cueva?- nuestras heridas sanarán solamente, cuando podamos reconocer nuestra ascendencia diversa, “impura” y brillar con ella; cuando la alegría sea una posibilidad al alcance de todos y todos tengan derecho al orgullo, al recuerdo de sus voces ancestrales, a sus cuerpos; cuando nadie se avergüence de la sonoridad de su lengua madre.
Esta obra de Cueva es inquietante, inesperada y sin respuestas definitivas, un homenaje que brinda su autor a todos y todas. Se estrenará la obra muy pronto, en los “Encuentros del Otro Cine”, el cine reflexivo que busca las claves para la ciudadanía y para trascender e inventar formas nuevas y democráticas de ser nación.
Este Maldito País, un documental de Juan Martín Cueva
Claudia Reyes García
Si el hombre es lenguaje como sugiere Maturana, Este Maldito País es un poema de humanismo.
El cine para mi aún tiene que ver con el ritual de ir a una sala a ver la película escogida, ojalá un domingo de tarde y con la sobremesa del filme aguardando en un café o un bar. Pocas veces, como está, desempolvo mi DVD e inserto un disco compacto. Lo hago porque el director de la película fue amigo de adolescencia en ese “maldito país”. Porque ha sido gentil y generoso en enviarme una copia de su trabajo. Porque el pasado es, de alguna manera y tal como lo expresa Este Maldito País, lo único real que poseemos, aunque no pocas veces intentemos resistirnos a ese estigma de la vida de nosotros mismos y de los pueblos.
Ya he leído algunas críticas sobre este documental, todas muy buenas, carentes de “peros”, ausentes de “no obstantes” y liberadas de “sin embargos”. Bastante más adjetivizadas que sustantivas, es decir desbordantes de halagos. Este antecedente me inquieta, ¿qué tal si no concuerdo, si encuentro argumentos en contra de la tendencia del aplauso cerrado y de los honores rendidos? Me atraparía la obligada buena crianza de decir coloquialmente “que chévere tu docu, suerte y gracias”.
Veo Este Maldito país no una sino dos veces. La primera es tanto un profundo goce como un gran alivio. Es un excelente documental y para mi fortuna –la que comparto con todos quienes le ven- es intensamente literario. Desde esa premisa puedo explayarme a raudales iniciando por una propia interpretación del título. Maldito, en calidad de sustantivo en lugar de adjetivo, deja de ser una blasfemia y se convierte en un amor desbocado, en una incógnita que va revelándose y adquiriendo sentido de inmediato. Juan Martín Cueva ha producido una sucesión de relatos breves, interpretados por los propios protagonistas, no hay actores en el sentido clásico. Su documental es de de buena factura, sonido y sencilla pero suficiente y encantadora fotografía.
El cuestionar, cediendo a otros esa tarea, pienso que es la matriz de la trama. La búsqueda de la respuesta a la pregunta “qué significa ser ecuatoriano” está siempre presente, sin embargo, se van tejiendo historias que, sin separarse de esa línea argumental, abren espacios nuevos a la emoción.
No enumeré las personas - pues aquí no hay personajes maqueteados sino que testimonios espontáneos- que integran un perfecto racimo de distintas identidades, culturas, historias, orígenes, mestizajes, que en una visión global otorgan luces, no tanto en el sentido de la respuesta a qué significa ser ecuatoriano, sino más bien cada una en su independencia, de raza, de tiempo, de color, contribuye con una posición, muchas veces antagónica entre ellas, de su propia búsqueda y/o aceptación de su origen e identidad.
Como chasquis, en una sucesión de relevos coloridos, de rostros de trajes, desde indígenas hasta negros, intercalados por inmigrantes, sin generalizar sino que relatando singularmente su historia, convocan al espectador a armar su propio puzle.
Hay una armonía entre los espacios abiertos, tomas al aire libre, y locaciones cerradas, también entre los tiempos editados a cada uno de los protagonistas convocados a participar en esta producción. De esta manera se observa el espíritu democrático de Juan Martín Cueva plasmado en su obra. Tal como su huella literaria.
Comparto y me sumo a los aplausos de pie y a los honores que le prodigan los comentarios leídos.
Entiendo -y hasta envidio- esta búsqueda del sentido de pertenencia a una historia, a un territorio, desde las más diversas variables culturales y raciales. Amé (y amo) profundamente ese maldito país -de mi maldita adolescencia- lleno de variables, de contradicciones, de paisajes e identidades. Relevarlas, recordarlas, ponerlas en valor, construir un espacio de encanto y de reflexión, con todos o casi todos sus matices, sus contrasentidos y exponerlos en un excelente trabajo audiovisual, de tiempo, diálogos, inflexiones, fotografía y, naturalmente, poesía, es tremendamente significativo, no solo para los que intentan definir qué significa ser ecuatoriano, y que en ese intento han transitado desde el más profundo arraigo hasta la más sentida desesperanza, si no que para los espectadores allende sus límites, que sin la tarea de buscar entre los hijos del sol nuestros orígenes, podemos disfrutar liberados de toda angustia -o atrapados en ella- tan bella poesía humana de Este Maldito País.
Claudia Reyes García
Aquí los textos:
Historias e identidades
Catalina León.
¿Quiénes y cómo somos los ecuatorianos y ecuatorianas? Se pregunta Juan Martín Cueva, en su último documental Este maldito país. Se deslizan en la pantalla rostros y testimonios, procedencias plurales, fenotipos diversos, semillas de gentes de todas partes: el Lejano Oriente, el Mediterráneo oriental y occidental, herederos de los amores de negros e indias, homosexuales, descendientes de los pueblos originarios, intelectuales de piel oscura que revientan el estereotipo del sabio encanecido, de sexo masculino e ineludiblemente europeo. Vemos al mestizaje hispano-nativo, sin el cual es inconcebible la ecuatorianidad, y vemos también a compatriotas en la diáspora en pos del sueño que fuera negado por esta patria, la madrastra-que-arrastra.
La policromía captada por la sensibilidad de Cueva dista de la monotonía que hasta hace poco inculcaba el discurso oficial, reduciendo la ecuatorianidad al europeizante matiz “blanco-mestizo”. Los otros, los “negros”, los indios y muchas otras mezclas fenotípicas y culturales, cuyos nombres fueron proscritos, ocupaban un silencioso rincón en los relatos escritos, visuales y sonoros de la nación. Así, la nación ecuatoriana emergió con una historia cercenada, sobre una multitud de hijos e hijas del viento.
“Lo ecuatoriano tiene diversos efectos térmicos: de la selva, del magnetismo oceánico...”
Me ha conmovido la respuesta de Cueva a la añeja interrogación. El Ecuador crece con todos los colores de lo humano, con historias de dolor y generosidad, de amores que vencen las distancias, con voluntades que derrotan al destino y las prisiones, con la magia de las músicas que vibran en nuestros pueblos, entre la marimba y Bach. Historias que germinan en la selva, en el mar, en el páramo, en las florecientes riberas de nuestro Litoral. Lo ecuatoriano, entonces, se ve y se dice de muchas maneras, despide muchos aromas, trae a flor de piel las más diversas sensaciones térmicas: de la selva, de los valles y montañas y del magnetismo oceánico, de todo aquello que hace del Ecuador un país increíble. Los ecuatorianos y ecuatorianas somos todo eso, nos dice Juan Martín, una Babel de sueños y frustraciones, de injusticias, de formas de sentir la vida. Una Babel que nos duele: ¡Este maldito país! ¿Cómo fundirlo todo en el mismo crisol? ¿Y cómo se explican, ahí, la pobreza extrema y la ostentación, el conformismo y el exilio económico de millones, la diáspora de la orfandad?
Se me ocurre -¿o me lo sugiere Cueva?- nuestras heridas sanarán solamente, cuando podamos reconocer nuestra ascendencia diversa, “impura” y brillar con ella; cuando la alegría sea una posibilidad al alcance de todos y todos tengan derecho al orgullo, al recuerdo de sus voces ancestrales, a sus cuerpos; cuando nadie se avergüence de la sonoridad de su lengua madre.
Esta obra de Cueva es inquietante, inesperada y sin respuestas definitivas, un homenaje que brinda su autor a todos y todas. Se estrenará la obra muy pronto, en los “Encuentros del Otro Cine”, el cine reflexivo que busca las claves para la ciudadanía y para trascender e inventar formas nuevas y democráticas de ser nación.
Este Maldito País, un documental de Juan Martín Cueva
Claudia Reyes García
Si el hombre es lenguaje como sugiere Maturana, Este Maldito País es un poema de humanismo.
El cine para mi aún tiene que ver con el ritual de ir a una sala a ver la película escogida, ojalá un domingo de tarde y con la sobremesa del filme aguardando en un café o un bar. Pocas veces, como está, desempolvo mi DVD e inserto un disco compacto. Lo hago porque el director de la película fue amigo de adolescencia en ese “maldito país”. Porque ha sido gentil y generoso en enviarme una copia de su trabajo. Porque el pasado es, de alguna manera y tal como lo expresa Este Maldito País, lo único real que poseemos, aunque no pocas veces intentemos resistirnos a ese estigma de la vida de nosotros mismos y de los pueblos.
Ya he leído algunas críticas sobre este documental, todas muy buenas, carentes de “peros”, ausentes de “no obstantes” y liberadas de “sin embargos”. Bastante más adjetivizadas que sustantivas, es decir desbordantes de halagos. Este antecedente me inquieta, ¿qué tal si no concuerdo, si encuentro argumentos en contra de la tendencia del aplauso cerrado y de los honores rendidos? Me atraparía la obligada buena crianza de decir coloquialmente “que chévere tu docu, suerte y gracias”.
Veo Este Maldito país no una sino dos veces. La primera es tanto un profundo goce como un gran alivio. Es un excelente documental y para mi fortuna –la que comparto con todos quienes le ven- es intensamente literario. Desde esa premisa puedo explayarme a raudales iniciando por una propia interpretación del título. Maldito, en calidad de sustantivo en lugar de adjetivo, deja de ser una blasfemia y se convierte en un amor desbocado, en una incógnita que va revelándose y adquiriendo sentido de inmediato. Juan Martín Cueva ha producido una sucesión de relatos breves, interpretados por los propios protagonistas, no hay actores en el sentido clásico. Su documental es de de buena factura, sonido y sencilla pero suficiente y encantadora fotografía.
El cuestionar, cediendo a otros esa tarea, pienso que es la matriz de la trama. La búsqueda de la respuesta a la pregunta “qué significa ser ecuatoriano” está siempre presente, sin embargo, se van tejiendo historias que, sin separarse de esa línea argumental, abren espacios nuevos a la emoción.
No enumeré las personas - pues aquí no hay personajes maqueteados sino que testimonios espontáneos- que integran un perfecto racimo de distintas identidades, culturas, historias, orígenes, mestizajes, que en una visión global otorgan luces, no tanto en el sentido de la respuesta a qué significa ser ecuatoriano, sino más bien cada una en su independencia, de raza, de tiempo, de color, contribuye con una posición, muchas veces antagónica entre ellas, de su propia búsqueda y/o aceptación de su origen e identidad.
Como chasquis, en una sucesión de relevos coloridos, de rostros de trajes, desde indígenas hasta negros, intercalados por inmigrantes, sin generalizar sino que relatando singularmente su historia, convocan al espectador a armar su propio puzle.
Hay una armonía entre los espacios abiertos, tomas al aire libre, y locaciones cerradas, también entre los tiempos editados a cada uno de los protagonistas convocados a participar en esta producción. De esta manera se observa el espíritu democrático de Juan Martín Cueva plasmado en su obra. Tal como su huella literaria.
Comparto y me sumo a los aplausos de pie y a los honores que le prodigan los comentarios leídos.
Entiendo -y hasta envidio- esta búsqueda del sentido de pertenencia a una historia, a un territorio, desde las más diversas variables culturales y raciales. Amé (y amo) profundamente ese maldito país -de mi maldita adolescencia- lleno de variables, de contradicciones, de paisajes e identidades. Relevarlas, recordarlas, ponerlas en valor, construir un espacio de encanto y de reflexión, con todos o casi todos sus matices, sus contrasentidos y exponerlos en un excelente trabajo audiovisual, de tiempo, diálogos, inflexiones, fotografía y, naturalmente, poesía, es tremendamente significativo, no solo para los que intentan definir qué significa ser ecuatoriano, y que en ese intento han transitado desde el más profundo arraigo hasta la más sentida desesperanza, si no que para los espectadores allende sus límites, que sin la tarea de buscar entre los hijos del sol nuestros orígenes, podemos disfrutar liberados de toda angustia -o atrapados en ella- tan bella poesía humana de Este Maldito País.
Claudia Reyes García
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El Telégrafo
martes, 28 de abril de 2009
Dos críticas del documental
Dos textos sobre Este maldito país: el uno de un periodista chileno muy simpático que conocí durante el festival Cine Otro de Valparaíso, en enero, el otro un texto del periódico El otro cine, de los Encuentros del Otro Cine, en el marco de su octava edición. El análisis es de Alejo Casares y se refiere a dos documentales ecuatorianos presentes en este festival: Este maldito país y Alpachaca, de Jorge Luis Narváez.
Ecuador fue el país invitado a la tercera versión del Festival de Cine de Derechos Humanos, que se realizó a mediados de enero en Valparaíso, y “Este Maldito País” del citado director, lo culminante del encuentro.
Como buen festival en ciernes, éste conserva muchas de aquellas espontaneidades que luego se añoran en los eventos con mayor grado de producción. Es sencillo, discreto, con grandes rasgos de amistad y esforzado. Aperrado como diríamos coloquialmente. Y el resultado es meritorio. Hay gente de varios países latinoamericanos y la oferta de “pelis”, como llaman los del gremio a los filmes, es bastante amplia y de buen nivel.
Claro que yo estoy en Valparaíso en algo parecido a una “comisión de servicio”, en la tarea de encontrar a algún honorable que quiera referirse al proyecto que crea el Ministerio del Medio Ambiente. Un encargo siempre complicado, pero en enero definitivamente quimérico.
Resignado al fracaso de la gestión, en un café del puerto llega a mis manos un pequeño folleto que promociona el III Festival de Cine de Derechos Humanos. Leo que en su amplia propuesta también incluye documentales de línea medioambiental. Pienso que asistiendo no llegaré con las manos vacías y que un poco de temática audiovisual no me sentará mal, especialmente porque rara vez navego en esas rutas.
Lo cierto es que de medio ambiente no encuentro nada. Sin embargo, de los títulos en cartelera, “Este Maldito País” es cautivante, presumo que es la historia del paso de algún poeta maldito por la mitad del mundo. O alguna historia aterradora acaecida en la selva amazónica. Y no elucubro mucho más, pues ya estoy en la ex escuela de Teatro de la Universidad de Valparaíso. Un lujo de lugar. Las salas de proyección son teatros de aquellos que generan nostalgia. Reflexiono acerca de la triste, y en serie, infraestructura cultural del hoy frente a estos originales y finos espacios de antaño.
En el lobby de la Universidad, están los integrantes del festival en pleno. El organizador, Nelson, un tipo muy agradable, está rodeado de sus colegas, todos con aires de izquierda no renovada, digamos de izquierda más bien. Hay paridad de género y no paso por alto la diversidad de la belleza de varias actrices y documentalistas, representativas al máximo de sus países de origen.
Pregunto si está por ahí un tal Juan Martín Cueva, digo que según leí era el cineasta del país invitado a este Festival, Ecuador, y señalo que soy periodista. El documentalista quiteño, parece francés o español, cualquiera de los otros contertulios tenía más pinta de ecuatoriano, perdonado el prejuicio, que este tipo alto, con cara de intelectual y de unos cuarenta años.
Le comento que vengo a ver su documental porque me llama la atención el título, le digo al pasar que soy neófito asumido en materias audiovisuales, que me dedico a temas medioambientales, él me responde que es lo menos medioambientalista que yo pueda conocer. No es una discusión, es una charla bastante grata, el flaco es de diálogo interesante y bastante sencillo, pesé a que es evidente que son él y su documental los chiches del encuentro.
Le insisto en referencia al título y le cuento mis disquisiciones sobre los poetas malditos franceses, de la generación maldita de escritores ecuatorianos de la que también algo he leído, pero me dice que nada que ver, que se titula Este maldito país porque los nombres son importantes y deben ser convocantes. Inteligente respuesta pienso, sin embargo, busco una butaca que me permita huir si sus más de dos horas de documental son demasiado. Prefiero desaparecer antes que dormirme en la mitad de la proyección.
La sala suma más público que el esperado, están todos los participantes del festival y bastante gente, además de varios espontáneos como yo. Afortunadamente, no tengo que escapar, nadie se mueve siquiera en sus butacas, Este maldito país, de principio a fin tiene un ritmo que atrapa, los 127 minutos parecen volar en la diversidad de historias que se entrelazan. Resabios de ayer, búsquedas de identidad, aceptación y negación, mezclas de amores y desconfianzas. Mestizajes que no se registran en los libros. Encuentro de gran estética las imágenes y los testimonios luminosos y directos.
El guión parece simple, pero la trama no lo es. Es una sucesión de personajes, cada uno representando alguna de las muchas singularidades que forman, o deberían formar, en su conjunto, la identidad ecuatoriana. Subyace la propuesta de que el Ecuador es un país multicultural y la idea de que todas sus expresiones deben ser reconocidas. Diría que ese es el paradigma o más bien la apuesta que expone el documental.
Los personajes parecen extraídos de castings, pero no los son, sus testimonios parecen obra de libretistas eximios, tampoco es así. Los atavíos tan seductores como las historias, son auténticos. Hay relatos de gente de raza negra hasta de árabes, intercalados por distintos miembros de etnias indígenas, y mestizajes de excepción como el de un joven indígena con una mujer japonesa. Llego a la conclusión que aquí no existen personajes sino personas que explican su historia y su identidad en primera persona, con ello el director cede protagonismo propio, y a la vez emerge sutilmente un notable trabajo de investigación.
Los contrastes son al límite. Es interesante como pueden compartir y rimar en una misma propuesta, un inmigrante palestino interpretando un piano, siútico a más no poder, con un humilde y sabio negro -que parece extraído de una súper producción hollywoodense- recapitulando con fuerza inusitada sus orígenes.
Este maldito país, en dos horas que vuelan da cuenta, a través de su gente, de un país colorido, diverso, con infinidad de etnias y culturas, que se reparten en un territorio más bien pequeño y que tienen que convivir y construir una historia en común.
La frase en off de “todos alguna vez hemos querido no ser ecuatorianos” no tiene que ver con un rechazo, sino más bien con una complicada pregunta ¿Qué significa ser ecuatoriano? ¿Sentirse hijos y hermanos desde y en la diversidad?
Alpachaca... es un documental que se ocupa de un único grupo de gente, por lo que afronta la cuestión de la identidad desde otro punto de vista. El negro del Chota se nos presenta desde una perspectiva histórica, con datos y fechas, hechos irrefutables de un pasado en que eran esclavos, cuando se abolió la esclavitud y cuando realmente empezaron a ser libres. Todo esto nos prepara el camino hasta la actualidad, cuando la fuerza de la raza se expresa en la historia de insatisfacción política de Aida Espinosa, mientras por otro lado se deja escuchar un reclamo al resto del Ecuador por acordarse del Valle del Chota únicamente cuando alguno de sus hijos marca un gol en la selección.
El puente de Alpachaca parece ser la unión de las historias, de los diferentes mundos por los que transita la comunidad del Chota, la natural oposición entre personas dedicadas al trabajo, a la música y al deporte, y aquellos que se ven obligados a recurrir a la delincuencia para subsistir. La toma se abre y el campo de visión se amplía a toda la provincia. Es el momento ideal para dar a conocer más de esa rica tierra, sus costumbres, su presente, sus necesidades, el resto de su población y sus formas de convivencia con quienes habitan en el Valle del Chota.
SENTIRSE HIJOS Y HERMANOS EN LA DIVERSIDAD
Por Juan Francisco Castell
“Todos alguna vez hemos querido no ser ecuatorianos”, con esta frase en off concluye el documental del cineasta quiteño Juan Martín Cueva.
“Todos alguna vez hemos querido no ser ecuatorianos”, con esta frase en off concluye el documental del cineasta quiteño Juan Martín Cueva.
Ecuador fue el país invitado a la tercera versión del Festival de Cine de Derechos Humanos, que se realizó a mediados de enero en Valparaíso, y “Este Maldito País” del citado director, lo culminante del encuentro.
Como buen festival en ciernes, éste conserva muchas de aquellas espontaneidades que luego se añoran en los eventos con mayor grado de producción. Es sencillo, discreto, con grandes rasgos de amistad y esforzado. Aperrado como diríamos coloquialmente. Y el resultado es meritorio. Hay gente de varios países latinoamericanos y la oferta de “pelis”, como llaman los del gremio a los filmes, es bastante amplia y de buen nivel.
Claro que yo estoy en Valparaíso en algo parecido a una “comisión de servicio”, en la tarea de encontrar a algún honorable que quiera referirse al proyecto que crea el Ministerio del Medio Ambiente. Un encargo siempre complicado, pero en enero definitivamente quimérico.
Resignado al fracaso de la gestión, en un café del puerto llega a mis manos un pequeño folleto que promociona el III Festival de Cine de Derechos Humanos. Leo que en su amplia propuesta también incluye documentales de línea medioambiental. Pienso que asistiendo no llegaré con las manos vacías y que un poco de temática audiovisual no me sentará mal, especialmente porque rara vez navego en esas rutas.
Lo cierto es que de medio ambiente no encuentro nada. Sin embargo, de los títulos en cartelera, “Este Maldito País” es cautivante, presumo que es la historia del paso de algún poeta maldito por la mitad del mundo. O alguna historia aterradora acaecida en la selva amazónica. Y no elucubro mucho más, pues ya estoy en la ex escuela de Teatro de la Universidad de Valparaíso. Un lujo de lugar. Las salas de proyección son teatros de aquellos que generan nostalgia. Reflexiono acerca de la triste, y en serie, infraestructura cultural del hoy frente a estos originales y finos espacios de antaño.
En el lobby de la Universidad, están los integrantes del festival en pleno. El organizador, Nelson, un tipo muy agradable, está rodeado de sus colegas, todos con aires de izquierda no renovada, digamos de izquierda más bien. Hay paridad de género y no paso por alto la diversidad de la belleza de varias actrices y documentalistas, representativas al máximo de sus países de origen.
Pregunto si está por ahí un tal Juan Martín Cueva, digo que según leí era el cineasta del país invitado a este Festival, Ecuador, y señalo que soy periodista. El documentalista quiteño, parece francés o español, cualquiera de los otros contertulios tenía más pinta de ecuatoriano, perdonado el prejuicio, que este tipo alto, con cara de intelectual y de unos cuarenta años.
Le comento que vengo a ver su documental porque me llama la atención el título, le digo al pasar que soy neófito asumido en materias audiovisuales, que me dedico a temas medioambientales, él me responde que es lo menos medioambientalista que yo pueda conocer. No es una discusión, es una charla bastante grata, el flaco es de diálogo interesante y bastante sencillo, pesé a que es evidente que son él y su documental los chiches del encuentro.
Le insisto en referencia al título y le cuento mis disquisiciones sobre los poetas malditos franceses, de la generación maldita de escritores ecuatorianos de la que también algo he leído, pero me dice que nada que ver, que se titula Este maldito país porque los nombres son importantes y deben ser convocantes. Inteligente respuesta pienso, sin embargo, busco una butaca que me permita huir si sus más de dos horas de documental son demasiado. Prefiero desaparecer antes que dormirme en la mitad de la proyección.
La sala suma más público que el esperado, están todos los participantes del festival y bastante gente, además de varios espontáneos como yo. Afortunadamente, no tengo que escapar, nadie se mueve siquiera en sus butacas, Este maldito país, de principio a fin tiene un ritmo que atrapa, los 127 minutos parecen volar en la diversidad de historias que se entrelazan. Resabios de ayer, búsquedas de identidad, aceptación y negación, mezclas de amores y desconfianzas. Mestizajes que no se registran en los libros. Encuentro de gran estética las imágenes y los testimonios luminosos y directos.
El guión parece simple, pero la trama no lo es. Es una sucesión de personajes, cada uno representando alguna de las muchas singularidades que forman, o deberían formar, en su conjunto, la identidad ecuatoriana. Subyace la propuesta de que el Ecuador es un país multicultural y la idea de que todas sus expresiones deben ser reconocidas. Diría que ese es el paradigma o más bien la apuesta que expone el documental.
Los personajes parecen extraídos de castings, pero no los son, sus testimonios parecen obra de libretistas eximios, tampoco es así. Los atavíos tan seductores como las historias, son auténticos. Hay relatos de gente de raza negra hasta de árabes, intercalados por distintos miembros de etnias indígenas, y mestizajes de excepción como el de un joven indígena con una mujer japonesa. Llego a la conclusión que aquí no existen personajes sino personas que explican su historia y su identidad en primera persona, con ello el director cede protagonismo propio, y a la vez emerge sutilmente un notable trabajo de investigación.
Los contrastes son al límite. Es interesante como pueden compartir y rimar en una misma propuesta, un inmigrante palestino interpretando un piano, siútico a más no poder, con un humilde y sabio negro -que parece extraído de una súper producción hollywoodense- recapitulando con fuerza inusitada sus orígenes.
Este maldito país, en dos horas que vuelan da cuenta, a través de su gente, de un país colorido, diverso, con infinidad de etnias y culturas, que se reparten en un territorio más bien pequeño y que tienen que convivir y construir una historia en común.
La frase en off de “todos alguna vez hemos querido no ser ecuatorianos” no tiene que ver con un rechazo, sino más bien con una complicada pregunta ¿Qué significa ser ecuatoriano? ¿Sentirse hijos y hermanos desde y en la diversidad?
Una reflexión nada fácil, sobre la que Juan Martín Cueva dio algunas luces en una breve y ovacionada conferencia. Pensé en intervenir para felicitarle y decirle que su documental era una magnifica reflexión sobre medio ambiente humano, pero recordé que no sé nada de cine.
Dos maneras de enfrentar el tema de la identidad
Por Alejo Casares S.
La complejidad del ser humano lo ha llevado desde siempre a superar sus propios límites, a cuestionarse sobre sí mismo. Y sus orígenes, a descubrir la verdad y utilizar sus resultados como el inicio de un nuevo camino a seguir. Este año, el EDOC cuenta en su programación con dos documentales que hurgan en la naturaleza de nuestro país, que tratan de responder el eterno “¿Quiénes somos?” sin miedos ni concesiones: Este maldito país de Juan Martín Cueva y Alpachaca, puente de Tierra de Jorge Luis Narváez. Ambos llegan precedidos de su bien ganada fama, pues el primero fue realizado para representar al Ecuador en la serie Los latinoamericanos, de la televisión brasileña, mientras que el segundo se adjudicó el Premio Augusto San Miguel 2007 en la categoría largometraje documental.
Por Alejo Casares S.
La complejidad del ser humano lo ha llevado desde siempre a superar sus propios límites, a cuestionarse sobre sí mismo. Y sus orígenes, a descubrir la verdad y utilizar sus resultados como el inicio de un nuevo camino a seguir. Este año, el EDOC cuenta en su programación con dos documentales que hurgan en la naturaleza de nuestro país, que tratan de responder el eterno “¿Quiénes somos?” sin miedos ni concesiones: Este maldito país de Juan Martín Cueva y Alpachaca, puente de Tierra de Jorge Luis Narváez. Ambos llegan precedidos de su bien ganada fama, pues el primero fue realizado para representar al Ecuador en la serie Los latinoamericanos, de la televisión brasileña, mientras que el segundo se adjudicó el Premio Augusto San Miguel 2007 en la categoría largometraje documental.
¿Qué tan complicado resulta definir al ecuatoriano? Al principio puede parecer difícil, dada la diversidad propia de un país de mestizaje y migración donde, por mucho tiempo, no se les ha dado su verdadero lugar a grandes porciones de la población. Cueva lo sabe y parte precisamente desde ahí. Con una acertada selección de personajes entre los que destacan Lourdes Tibán y Jorgenrique Adoum, Este maldito país va develando el imaginario de un pueblo formado por muchos pueblos, un collage de historias revestidas de motivos políticos, artísticos, románticos o simplemente de la necesidad de supervivencia, que llevan inexorablemente al espectador a reconocerse y sentirse un extraño a la vez.
La cámara entra en las casas, visita el pasado y se cuestiona sobre nuestro futuro mientras arranca sonrisas con la misma facilidad con la que siembra interrogantes en quienes nos vemos reflejados en la pantalla. Este maldito país deja en claro que el ser ecuatoriano no es igual en cada región, porque cuando un ecuatoriano dice ‘nosotros’ no se refiere a lo mismo que el resto de sus compatriotas. ¿Fracasó entonces el intento por definir a un país y al sentimiento de pertenencia de su gente? No, definitiva y rotundamente no. Las diferencias de todo tipo que nos muestra el documental son el perfecto reflejo de la verdadera naturaleza de nuestra gente.
Alpachaca... es un documental que se ocupa de un único grupo de gente, por lo que afronta la cuestión de la identidad desde otro punto de vista. El negro del Chota se nos presenta desde una perspectiva histórica, con datos y fechas, hechos irrefutables de un pasado en que eran esclavos, cuando se abolió la esclavitud y cuando realmente empezaron a ser libres. Todo esto nos prepara el camino hasta la actualidad, cuando la fuerza de la raza se expresa en la historia de insatisfacción política de Aida Espinosa, mientras por otro lado se deja escuchar un reclamo al resto del Ecuador por acordarse del Valle del Chota únicamente cuando alguno de sus hijos marca un gol en la selección.El puente de Alpachaca parece ser la unión de las historias, de los diferentes mundos por los que transita la comunidad del Chota, la natural oposición entre personas dedicadas al trabajo, a la música y al deporte, y aquellos que se ven obligados a recurrir a la delincuencia para subsistir. La toma se abre y el campo de visión se amplía a toda la provincia. Es el momento ideal para dar a conocer más de esa rica tierra, sus costumbres, su presente, sus necesidades, el resto de su población y sus formas de convivencia con quienes habitan en el Valle del Chota.
Después de enfrentarnos al problema de la identidad, ya sea de todo nuestro país o de un segmento olvidado, a veces protagonista de las portadas en las páginas deportivas de los diarios, estaremos listos para dar nuestras propias respuestas ante las preguntas que sirvieron de motor a los directores para la realización de sus películas. Cada uno sabrá encontrar sus propios sentimientos de pertenencia a la patria.
martes, 21 de abril de 2009
jueves, 9 de abril de 2009
This Rotten Country
25 Chicago Latino Film Festival April 17-29, 2009
4/21/2009, 7pm
4/28/2009, 9pm
Facets Cinematheque
(1517 W. Fullerton Ave., Chicago, IL 60614 )
Este maldito país
This Rotten Country
Director
Juan Martín Cueva
Cinematography
Franςois Laso
This documentary embraces the challenge to discover the identity of Ecuadorians and asks: Who is Ecuadorian? What does being Ecuadorian mean? Jorge Enrique Adoum does not know the answer being the son of a Lebanese father and Ecuadorian mother. Lourdes Tiban also does not know the answer as she considers herself a mestiza or an Ecuadorian of mixed races. Considered the Mozart of the marimba “Papa Roncon” reveals he was taught melodies by the indigenous and not the Africans. Colorful subjects share their stories of origin and express what it means for them to be considered Ecuadorian.
http://www.latinoculturalcenter.org/cinema-festival/
http://www.latinoculturalcenter.org/cinema-festival/film_listing.php?id=37
miércoles, 8 de abril de 2009
Películas ecuatorianas en los EDOC
El Festival Internacional de Cine Documental ENCUENTROS DEL OTRO CINE (EDOC) celebra este año su octava edición en Quito, Guayaquil y Cuenca del 7 al 24 de mayo.En esta octava edición, como cada año, los EDOC cuentan con la sección denominada: CÓMO NOS VEN, CÓMO NOS VEMOS. En esta se incluyen películas ecuatorianas así como documentales provenientes de otras latitudes que presentan una mirada sobre el Ecuador.Este año se exhibirán los siguientes largos y cortometrajes documentales ecuatorianos
LARGOMETRAJES
A CIELO ABIERTO, DE POCHO ÁLVAREZ
ALPACHACA, PUENTE DE TIERRA, DE JORGE LUIS NARVÁEZ
CHIGUALEROS, DE ALEX SCHLENKER
DESCARTES, DE FERNANDO MIELES
ESTE MALDITO PAÍS, DE JUAN MARTÍN CUEVA
MEMORIA DE QUITO, DE MAURICIO VELASCO
PORQUÉ MUEREN LOS CASTAÑOS, DE TITO MOLINA
CORTOMETRAJESEL ARTE DEL CANTÓN MEJÍA, DE MANUEL KINGMAN
ÉXODO, DE ADRIÁN AGUILAR
GALÁPAGOS ¿PATRIMONIO O HUMANIDAD?, DE KARINA VIVANCO
MONÓLOGO DE UN CUERVO, DE PAÚL NARVAEZ
OJO FOCO ROJO, DE DIANA SOLTYSIK
VERDUGO, DE GEOVANNY POZO
VITERI AUTORRETRATO, DE SEBASTIÁN CORDERO
www.festivaledoc.org
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